¿Qué cambiará para México con la firma del acuerdo mundial para proteger los bosques? Nuestro país es número 12 del mundo en patrimonio forestal, pero ocupa el quinto lugar en materia de deforestación. En 2020, en México se perdieron 127,770 hectáreas de bosques, aunque la Semarnat autorizó el cambio de uso de suelo de 13,000 hectáreas. Esto quiere decir que 95% de la deforestación en nuestro territorio está relacionada con debilidad del Estado de Derecho.

En Glasgow, en el contexto de la COP26 se anunció el mayor acuerdo de la historia para detener y revertir la deforestación. México fue uno de los últimos países en sumarse a un compromiso donde participan más de 100 países que representan 85% del territorio forestal del planeta. Habrá 19,200 millones de dólares para apoyar a los países en vías de desarrollo en tareas de conservación de bosques, restauración de los suelos y fortalecimiento de las comunidades que viven en los bosques o cerca de ellos.

¿Por qué México se tardó en firmar un acuerdo donde están casi todos? Entre muchas versiones que circularon ayer, una de las más creíbles es que la delegación mexicana insistió en que hubiera referencias explícitas a Sembrando Vida, un programa que el presidente López Obrador ha impulsado, en México y en foros internacionales. No lo consiguió. Eso no quiere decir que esta iniciativa carezca de posibilidades de competir por una parte de los cuantiosos recursos que se destinarán.

Más allá de Sembrando Vida, México necesita hacer un mayor esfuerzo para salvar los bosques y restaurar el patrimonio forestal. Una muestra de ello está en los recursos destinados para inspección y vigilancia. La Comisión Nacional de Áreas Protegidas cuenta con una plantilla de 1,233 personas para vigilar 182 áreas protegidas que incluyen 90.8 millones de hectáreas, donde habitan 1.4 millones de personas. Esta escasez se traduce en incendios que podrían ser evitados y en la presencia de grupos delictivos que se dedican a la tala clandestina u ocupan territorios para desarrollar actividades ilegales. Qué decir del desarrollo sin control de proyectos “empresariales” que son depredadores de la naturaleza, en ramos tan diversos como el sector inmobiliario, turístico o agropecuario.

¿Cómo se asignará la bolsa de 19,200 millones de dólares anunciada en la COP26? El documento dado a conocer ayer no define este tipo de detalles. Esa es una de las críticas que hacen los expertos. El mayor reto es implementar un sistema de monitoreo que garantice el cumplimiento de los compromisos de cada país. La tecnología existe, pero está el factor humano y la susceptibilidad política. El mecanismo de vigilancia puede ser considerado violatorio de la soberanía o incluso espionaje. Vivimos tiempos de tensión geopolítica. Hay que tomar en cuenta que China y Rusia son signatarios del acuerdo. Rusia tiene una quinta parte de las reservas forestales del mundo. China tiene el mayor programa de reforestación del planeta.

El fracaso del acuerdo de 2014 para salvar los bosques está en el aire. Hace siete años, en Nueva York, 40 países se comprometieron a detener la deforestación para el 2020 y restaurar en el 2030. Fue un fracaso absoluto, porque la deforestación mantuvo o aceleró su ritmo ¿Qué será diferente esta vez? Son más países, hay más dinero y un mayor compromiso del sector privado. Habrá acciones complementarias del sector financiero y de empresas comercializadoras para reducir el financiamiento y acotar el comercio de bienes cuya producción está vinculada a la deforestación. Es la soya que se produce a costa del Amazonas para alimentar el ganado de Europa o China o el aceite de palma que acaba con los bosques de Indonesia y es clave para industrias como la alimenticia.

¿Qué pasa con los consumidores del mundo? Se requiere un cambio de hábitos para detener la destrucción de los bosques. ¿Estamos dispuestos a comer menos carne, a consumir ropa y calzado de otra forma… A cambiar nuestra forma de vida?