Proteccionismo y elecciones en EU

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Leopoldo GómezTercer Grado

El pasado 8 de marzo, el presidente Trump impuso aranceles a las importaciones de acero y de aluminio. Dudo que la medida tenga un impacto positivo en la economía de Estados Unidos o que sea indicio de una visión acabada de Trump. Lo que sí parece evidente es que la decisión arancelaria responde a un cálculo político que tiene mucho sentido para el presidente.

El pasado 8 de marzo, el presidente Trump impuso aranceles a las importaciones de acero y de aluminio. Dudo que la medida tenga un impacto positivo en la economía de Estados Unidos o que sea indicio de una visión acabada de Trump. Lo que sí parece evidente es que la decisión arancelaria responde a un cálculo político que tiene mucho sentido para el presidente.

De entrada, como lo señala Josh Bivens en su editorial Don’t Worry About Trump’s Tariffs, en The New York Times, esta medida en sí misma “no representa el fin del mundo”; y de acuerdo con Dani Rodrik (Project Syndicate), tampoco tiene el tamaño para desatar una guerra comercial. Lo inquietante es la señal sobre el rumbo de la política comercial estadunidense.

Más allá de la perspectiva económica, la realidad es que Trump ya está en campaña y vuelve a usar el proteccionismo como bandera electoral. Aunque la discusión sobre los aranceles ya tiene unas semanas, fue la coyuntura política la que seguramente marcó el momento para anunciarla.

El distrito 18 de Pensilvania tendrá hoy una elección especial de enorme simbolismo. El mismo distrito que Trump ganó por más de 20 puntos en un estado clave para su triunfo en 2016, podría pasar a manos de los demócratas. Una derrota con la que Trump no quisiera cargar rumbo a las elecciones intermedias de noviembre próximo.

El mitin de Trump en Pensilvania ilustra la importancia de esta elección. En un intento por recordar a sus bases “qué nos llevó a la presidencia”, retomó temas centrales de su campaña y prometió el regreso del acero a ese estado, como una suerte de trofeo de guerra que se convida antes de la contienda.

Aunque la decisión de imponer aranceles podría tener un efecto negativo neto en las cifras nacionales de empleo, políticamente resuena bien ante la base obrera que le dio el triunfo en estados como Michigan, Ohio, Pensilvania o Wisconsin. Y eso es lo que más cuenta para un presidente que ha iniciado ya su campaña para reelegirse.

El futuro del TLCAN inevitablemente pasa por este mismo cálculo político.