Que nadie le meta en la cabeza al presidente López Obrador que ahora hay que defender al peso frente al dólar sólo porque la moneda mexicana se ha depreciado más de 4% en tan solo diez días.

Porque está claro que en Palacio Nacional les gusta comprar espejitos, como aquella iniciativa de un senador de Morena para nacionalizar el ya nacionalizado litio que López Obrador convirtió en ley fast track tras el fracaso de su contrarreforma eléctrica.

Con eso de que la 4T convirtió la paridad de la moneda mexicana frente al dólar de Estados Unidos en una supuesta medición de su éxito, debe ser difícil ver cómo el peso pierde tan rápido en los mercados.

Por eso urge que le expliquen al Presidente cómo el peso se deprecia en parte porque la próxima semana la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) estaría por decidir un aumento de 50 puntos base en su tasa interbancaria.

Y, no, no será Joe Biden el que anuncie el miércoles siguiente el aumento en la tasa en Estados Unidos hasta 1 por ciento. Allá, donde sí se respetan las autonomías, esta noticia la comunicará la Fed el 4 de mayo a la una de la tarde, tiempo del centro de México (salvo que, claro, a los populistas mexicanos se les ocurra antes derogar el horario de verano).

Quizá sí haya que estar pendientes de la mañanera del 12 de mayo para saber si la Junta de Gobierno del Banco de México decide también elevar su tasa de interés.

La volatilidad en los mercados se mantiene por la creciente reacción agresiva de Rusia frente a Ucrania y occidente. Pero, sobre todo, cuando la alta inflación que vivimos viene acompañada de malos datos del desempeño de la economía al arranque de este 2022.

Esta mañana tenemos conocimiento del dato preliminar del Producto Interno Bruto (PIB) de México que seguramente tensará más los ánimos entre los participantes de los mercados.

Pero el anticipo del mal arranque del año llegó desde Estados Unidos con esa primera lectura de su PIB al cierre del trimestre pasado y la caída anualizada de 1.4 por ciento. Es la economía más grande del mundo y es el país del que depende México.

Esa caída, no esperada en esa dimensión, es vista como un simple bache en un camino de recuperación robusta. Esa sí es considerada como una baja temporal. No así la inflación elevada que da muestras de mayor permanencia en la economía estadounidense.

Así que, un bache en el crecimiento y una inflación persistente no dejan dudas a una mayor agresividad por parte de la Fed para acelerar los aumentos en tasas y ser más contundentes en sus comunicados.

La economía mexicana es otra cosa. Un resultado negativo, como el que seguro discutimos esta mañana, se suma a una economía débil que no tiene los motores suficientes, en la que hay mucha desconfianza, para que se pueda pensar en una recuperación acelerada a los niveles prepandemia.

Eso pone más en duda la velocidad de reacción futura del Banxico con sus tasas de interés, en un país donde el Presidente cree que él debe ser también el encargado de combatir la inflación.