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Evidentemente que en términos políticos resulta muy conveniente que haya un mercado de consumo como el mexicano que esté inundado de productos importados de China que resulten más baratos que otras importaciones o que la producción local.

Para un régimen que no ha tenido empacho en abrir las fronteras, por ejemplo, para la importación de automóviles de desecho del mercado estadounidense, los autos chocolate, para generar aceptación electoral en el norte del país, poco le importará cuántas trampas haya en las importaciones de productos de consumo chino y eso mantiene electores contentos.

Las quejas de los industriales y comerciantes mexicanos han sido históricas, pero la única forma en que el gobierno mexicano se puede ver obligado a hacer algo al respecto es cuando la queja llega desde el gobierno de su principal socio comercial.

Y las preocupaciones llegan lo mismo de La Casa Blanca que del Congreso, la misma atención le ponen demócratas que republicanos. Cuando se trata de los efectos comerciales de China sobre el mercado estadounidense, claramente todos en ese país están del mismo lado.

La representante comercial del gobierno de Joe Biden, Katherine Tai, llevaba algún tiempo pidiendo que México aclarara el origen de las crecientes exportaciones de acero a Estados Unidos.

Ya en febrero pasado Tai se cansó de ver cómo el gobierno de López Obrador omitía la urgencia de una respuesta contundente, el tío Lolo pues, y elevó el nivel de la protesta de la mano del Senado estadounidense que también pedía explicaciones ante la sospecha de una triangulación de acero y aluminio chino, que pasa por México para obtener certificaciones del T-MEC, y llega al mercado estadounidense.

Otro republicano que ya le puso atención al tema es nada menos que el candidato Donald Trump, quien ya adelantó el cierre de la frontera a los autos chinos fabricados en México si gana las elecciones.

Y este pasado fin de semana, la secretaria del Tesoro, Janet Yellen, dijo que ya conocen la historia de la inundación de productos chinos subsidiados y que el gobierno de Biden no lo iba a permitir. Ese mensaje fue un, te lo digo chino Juan, para que lo escuches Pedro mexicano.

En México la queja ha sido permanente por parte de diferentes sectores industriales y comerciales. Por ejemplo, la Confederación de Cámaras Industriales, la Concamin, lleva tiempo con la queja de que las importaciones chinas ponen en riesgo millones de empleos nacionales en sectores como el vestido y el calzado.

Porque, además, ya no son las grandes pacas de ropa que se distribuyen en los tianguis, ahora los usuarios importan directamente esos productos a través de aplicaciones en sus teléfonos móviles.

La industria automotriz ya puso también el grito en el cielo por las importaciones de autos eléctricos. No se trata de rechazar la competencia del país líder en esos autos como lo es China, es el hecho de que en el precio hay un alto componente de subsidios que depreda a la competencia.

Seguro que, si el mensaje de alerta llega desde los más altos niveles del principal socio comercial de México, podría haber una mejor respuesta del gobierno mexicano que si “solamente” lo hacen los industriales y comerciantes mexicanos que suelen ser ignorados por su propia autoridad.