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Quisiéramos ver auténticos cirujanos monetarios en la Junta de Gobierno del Banco de México que puedan tener la precisión de un corte certero en la tasa de interés a tiempo y sin tocar los sensibles órganos de la economía y las finanzas.

No hay consenso todavía sobre la pertinencia de que ya llegó el momento para que en la siguiente reunión de decisión de política monetaria, de la próxima semana, ya sea tiempo de iniciar con un primer recorte, así sea un ajuste fino.

Pero es verdad que cada vez hay más elementos a favor de aquellos que quisieran ya mandar ese primer mensaje de relajamiento.

Lo que sí parece quedar claro para todos dentro del grupo que toma decisiones en el Banco de México es que no se puede mandar la señal del inicio de un ciclo de bajas en la tasa. Lo que se discute es un pequeño guiño de, digamos, un cuarto de punto.

La que parece pedir a gritos el final de la restricción monetaria es la paridad peso-dólar. Una relación entre las dos monedas por debajo de los 16.90, como lo vimos la semana pasada, deja de ser sano y acumula presión como olla exprés que puede salir con fuerza en este año electoral de tantos riesgos.

Los diferentes indicadores inflacionarios pueden dar lecturas encontradas, cierto es que la inflación general y su 4.40% anual hasta febrero pasado ya no estaría para una tasa interbancaria de 11.25 por ciento.

Pero ese es el costo que le quiso dar la Junta de Gobierno a su bandera de intolerancia con la alta inflación. Y con los servicios todavía presionados en sus precios, y los lastres que mantiene la inflación subyacente para descender más rápido, esa señal de total intransigencia con los precios altos es indispensable.

Pertenecen al mundo de los precios volátiles, pero llaman más la atención los fuertes incrementos en los precios de los energéticos que la baja en los productos pecuarios.

También deben considerar que el titular del banco central más poderoso del mundo, Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, acaba de patear el bote del relajamiento de la política monetaria de su país prácticamente para la segunda mitad del año.

Entonces, dentro del Banco de México necesitamos, en estos momentos decisivos de la política monetaria, cirujanos de pulso preciso para hacer el corte exacto en el momento perfecto a la altísima tasa de interés interbancaria que prevalece en México.

Pero también necesitamos vates que hagan de su reseña a los mercados un auténtico poema de comunicación precisa y sean capaces de explicar que un ajuste fino, o como le quieran llamar, no es un banderazo de salida para un tobogán de bajada del costo del dinero.

La capacidad de comunicación y convencimiento que tenga la Junta de Gobierno, empezando por la gobernadora del banco central, de que su capacidad de reacción les da para un ligero relajamiento será indispensable para evitar turbulencias innecesarias en los mercados.

Hoy entre algunos analistas se ha abierto un poco más la tolerancia para esa baja ligera y única en la tasa interbancaria, pero todavía hay quienes tienen dudas razonables del momento. Está a prueba la precisión del Banco de México.