Trump y su bloque de seguidores amenazan la democracia

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Gregorio MerazEE.UU.

Desde el 20 de enero, la administración Biden, guiada por científicos, logró ya aplicar más de 55.5 millones de vacunas y se espera que a finales de mayo, todos los estadounidenses sean inmunizados

En la encrucijada más importante de su existencia, Estados Unidos libra una intensa lucha entre la verdad y la mentira, la honestidad y deshonestidad, lealtad o traición a su Constitución, que será determinante para el futuro de su democracia.

El presidente Joe Biden encabeza la lucha por la lealtad a la Constitución, con apoyo de 82 millones de estadounidenses, y por rescatar al país de la pandemia, que ha causado la muerte de 520.000 personas, 29 millones de infectados, el colapso de la economía y un lacerante desempleo.

Mientras, Donald Trump lucha con mentiras para confrontar al país y destruirlo con apoyo de republicanos convencidos o temerosos de él, en un creciente ambiente de coraje, resentimiento, odio racial, extremismo político, terrorismo doméstico y desinformación.

A pesar de las desesperadas acciones del bloque republicano obstruccionista en el Senado, fracasó rotundamente en el intento de descarrilar la autorización del Plan de Alivio Económico por COVID del presidente Biden, de 1.9 trillones de dólares en el Senado, aprobado 50 votos contra 49, en la primera gran victoria legislativa del nuevo mandatario Demócrata.

El Plan -demorado durante meses por Mitch McConnell en su gestión como líder mayoritario-, permitirá el envío de cheques de 1.400.00 dólares a los trabajadores a mediados de marzo, la extensión del seguro de desempleo hasta el mes de septiembre, apoyo de hasta 3.000 dólares por cada hijo menor de edad a las familias. Y por primera vez, incluye recursos para empresas medianas y pequeñas para la protección del empleo.

A pesar de sus desesperados intentos por obstruir el trabajo urgente del presidente Biden, nada pudieron lograr en sus múltiples intentos de impedir el programa de Ayuda Federal para contener el avance de la pandemia y rescatar a más de 50 millones de trabajadores desempleados del peligro de desalojos de viviendas rentadas.

Los republicanos confían en que los electores de su partido, a pesar de no recibir los beneficios, vean sus acciones contra lo que denominan “esquemas socialistas” como la defensa de Trump y como una garantía para su reelección, con la difusión que reciben del aparato propagandístico de Trump como Fox News, InfoWars y otros.

Desde el 20 de enero, la administración Biden, guiada por científicos, logró ya aplicar más de 55.5 millones de vacunas y se espera que a finales de mayo, todos los estadounidenses sean inmunizados, a diferencia de la pobre gestión de Trump, quien presionó por las vacunas y cuando llegaron, no tenía plan para su distribución y aplicación.

La actitud de los “aleccionados y obedientes” republicanos que apoyan a Trump, incluyendo a los líderes minoritarios Mitch McConnell y Kevin McCarthy, contrastó con su eterna disposición para aprobar de inmediato los multimillonarios recortes de impuestos innecesarios de Trump y otras iniciativas, para beneficiar grandes empresas como las suyas.

Escudados en la fantasiosa mentira de fraude electoral masivo y robo de la elección, con que Trump justifica su humillante derrota, el expresidente y sus incondicionales cómplices republicanos, ahora confían convencer a más votantes desinformados, mientras intensifican ataques contra medios de comunicación, a fin de neutralizar su influencia.

El supuesto robo electoral apoyado por 145 legisladores de su partido, -incluyendo 7 senadores republicanos que votaron por revertir los resultados de la elección en Pensilvania, Arizona y Filadelfia, es ya calificado como “la máquina republicana de quejas perpetuas”, cuyo propósito es aumentar dudas sobre la legitimidad del gobierno de Biden.

Y en torno a la responsabilidad de Trump al instigar el ataque al Capitolio, tratando de impedir la certificación de la victoria del actual presidente, se investiga ahora la posible participación de legisladores, que estuvieron en contacto con algunos de los más de 300 responsables de la sedición detenidos y sujetos a procesos criminales.

Entre ellos está Federico Guillermo Klein, un ex funcionario del Departamento de Estado, nominado por el ex presidente Trump, quien tenía “Top Secret Security Clearance” (acceso irrestricto a información altamente sensible y clasificada).

Klein, ex empleado de la Campaña de Trump y quien compareció ante la Jueza Federal Zia Faruqui de Washington, es la conexión más directa entre la administración Trump y los traidores que participaron en el asalto al Capitolio el 6 de enero.

Hasta el momento, más del 30% de estadounidenses y 80% de quienes votaron por Trump, dudan que Joe Biden fuera el legítimo ganador de la elección, lo que dificulta el trabajo de la nueva administración.

Como parte de sus campañas de desinformación, el gobernador de Texas, Greg Abbot, acusó al presidente Biden de “importar el coronavirus”, permitiendo el ingreso de 13.000 menores que han cruzado la frontera.

Abbot aparentemente trata de justificar con la migración, el posible rebrote del coronavirus en su estado, como ocurrió cuando de manera irresponsable y obedeciendo a Trump, reanudó las actividades económicas sin medidas de seguridad, el verano pasado. Ahora trata de culpar a los menores indocumentados que, de acuerdo al Departamento de Seguridad Interna, fueron sometidos a pruebas de COVID-19, antes de ser transportados dentro del estado y a otras entidades.

Mediante una gran cantidad de acciones para garantizar la supresión del voto de las minorías, engaños y manipulación, ataques a los medios, reformas de legislaturas estatales controladas por Republicanos al sistema electoral de los estados y la inequitativa redistribución de distritos electorales, los conservadores esperan recuperar las dos Cámaras del Congreso, en dos años y en cuatro años la presidencia.

Bajo control de legislaturas estatales en más de 40 estados, los republicanos buscan nuevas barreras a métodos de votación especialmente por correo, envío de boletas en ausencia y fechas de entrega, restringiendo el registro de votantes por parte de iglesias y oficinas, y prohibiendo la aportación de fondos privados para administración de las elecciones, pero también torciendo el contenido de la Constitución, para otorgar a los Congresos estatales, la atribución de tener la última palabra en torno a la designación de delegados al Colegio Electoral.

Con esa avalancha de iniciativas que comparten todos los estados con legislaturas republicanas, también cuestionan la habilidad de los votantes minoritarios para ejercer control mayoritario en la política federal de Estados Unidos, para lo que establecen nuevas barreras en el voto de esas minorías étnicas, principalmente de jóvenes y militantes demócratas.

Observadores y académicos consideran que “tratar de evitar que esa gente vote, es peligroso y antidemocrático”.

De acuerdo a algunos observadores, es impresionante la forma en que la base republicana, formada por la extraña coalición de supremacistas y nacionalistas blancos, neo nazis, milicias y otros recalcitrantes conservadores y terroristas domésticos, con evangélicos e integrantes del grupo QAnon, promueven teorías de conspiración y abrazan como un dogma las mentiras de Trump.

 

*Texto difundido con autorización del autor y publicado en Los Angeles Times

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