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Cuando en plena recesión la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) tomó la determinación de aplicar políticas monetarias de vanguardia heterodoxa, había dos preguntas básicas. La primera si serviría la inundación de dólares para levantar la economía y la segunda cómo le harían para contener después tantos dólares sueltos.

Está claro que con los dólares en tasa cero y con la máquina de impresión del billete verde a todo vapor se logró levantar la economía estadounidense, cuando la vertiente fiscal estaba cancelada como un motor de recuperación.

Hoy la economía estadounidense está en el camino del crecimiento y estamos en la fase de los efectos secundarios de la medicina del choque monetario.

La semana pasada dos datos resultaron reconfortantes: el primero fue que la Fed que no cambió sus tasas de interés y mostró paciencia con una economía que quiere despegar, pero todavía le cuesta. Y el segundo fue la creación de empleos por arriba de las expectativas y una tasa de desocupación no vista en una década.

Una tasa de paro laboral en 4.4% está cada vez más cercana del pleno empleo, lo que debería encender los focos de alerta de la autoridad monetaria. Sin embargo, la Fed toma nota de los signos de crecimiento moderado en la parte inicial de este año, como el Producto Interno Bruto (PIB) creciendo apenas 0.7%, por lo tanto busca mantenerse atenta, pero no muy reactiva.

El aumento de las contrataciones laborales y la baja en la cantidad de estadounidenses disponibles para trabajar implica necesariamente un aumento en las presiones salariales, por lo tanto un foco de alerta en materia inflacionaria.

Pero, al mismo tiempo, y pensando en la causa mexicana, implica que los empleadores sean un poco más permisivos con el estatus migratorio de sus empleados. Incluso, un gobierno inteligente sabría que esa mano de obra disponible es un dique contra la inflación.

Es previsible que en la reunión de junio la Fed pudiera optar por elevar otro cuarto de punto su tasa de interés de referencia. Sin embargo, una tasa en 1.25% es muy cómoda con estas cifras de ocupación y con la inflación en vuelo de regreso hacia la meta de la Fed de 2% anual.

Hay pues margen para que la economía recupere dinamismo y las tasas suban de una forma más paulatina. Lo que sigue es conocer los planes del banco central de Estados Unidos para corregir sus desbalances provocados por aquellos planes de liquidez.

No hay señales claras todavía de cómo planea recuperar la salud financiera y reducir sus desbalances en materia de tenencia de bonos.

Porque así como en su momento la compra de papeles en los mercados para dotar de liquidez, era el equivalente a bajar las tasas más allá del cero. Un fenómeno contrario de corrección es lo mismo que subir el precio del dinero.

Urge que desde la Fed expliquen sus planes para recuperar la figura y no provocar lo que en su momento tanto se temió, que su medicina de caballo acabe por ser peor que la enfermedad.