SPEI, lecciones que nos deja el huachicoleo digital


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Luis Miguel GonzálezCaja Fuerte

La comunicación del Banco de México falló. La crisis necesitó 17 días para que el banco central mandara un mensaje claro. Durante 16 días, la máxima responsable del sistema de pagos del Banxico, Lorenza Martínez Trigueros, tuvo una estrategia de comunicación llena de ambigüedades y carente de respuestas útiles para el público afectado.

La comunicación del Banco de México falló. La crisis necesitó 17 días para que el banco central mandara un mensaje claro. Durante 16 días, la máxima responsable del sistema de pagos del Banxico, Lorenza Martínez Trigueros, tuvo una estrategia de comunicación llena de ambigüedades y carente de respuestas útiles para el público afectado.

Es probable que la doctora Martínez sea una experta en medios de pago y sistemas digitales, pero no fue capaz de comunicarlo con claridad, ¿por qué sus explicaciones fueron tan confusas? Del banco central tenemos derecho a esperar un mensaje de autoridad capaz de generar confianza. Un mensaje en el que el conocimiento técnico esté acompañado de cierta capacidad pedagógica, para explicar un tema complejo al gran público.

Banxico es mucho más que el combate a la inflación. Por mandato constitucional, el Banco de México tiene como tarea principal la batalla contra la inflación. En la práctica, es mucho más que eso: es el líder natural en el control y desarrollo de nuestro sistema de pagos. Pudo haber hecho más para evitar, prevenir o mitigar los problemas de los bancos y sus proveedores. Debe hacer más para la restauración del sistema. Es la institución económica más respetada de México, pero su inacción y omisiones “abollaron” un poco su reputación.

El tiempo de regreso a la normalidad es absurdo. Van 19 días y faltan 13 días más, según dijo el gobernador del Banco de México. En otra época, 33 días era un plazo razonable. En estos tiempos, es una eternidad: ¿se trata de un problema de proporciones gigantescas? ¿El sistema financiero mexicano no cuenta con la capacidad para resolverlo más rápido? Cualquiera de las dos hipótesis es preocupante porque implica vulnerabilidad. Es grave, si uno o varios ataques de hackers son capaces de alterar la normalidad por más de un mes.

Quizá más grave es que no haya en México la capacidad para restaurar el funcionamiento “normal” con rapidez. ¿Se imaginan que eso le pasara a Amazon, Google o Netflix y tardaran un mes en resolverlo? Los inversionistas no tardarían 18 días en tumbar el precio de las acciones.

Es necesario redefinir el concepto “afectación al cliente de la banca”. Los mensajes emitidos por el Banco de México, la Condusef y la Asociación de Bancos de México han enfatizado que los clientes de la banca no se han visto afectados por los incidentes cibernéticos, porque no ha habido sustracción o merma en los recursos de sus cuentas. Esto es parcialmente cierto: la baja en la calidad del servicio implica una afectación importante. Donde antes había inmediatez y certidumbre, ahora hay lentitud, dudas y pretextos.

El sistema financiero va tarde en ciberseguridad. Podemos celebrar el anuncio de la creación de una Dirección de Ciberseguridad en el Banco de México y el establecimiento de un protocolo entre la CNBV y la banca. En este contexto, no hay nada que celebrar: hace más de tres años que hay advertencias sobre los riesgos que la ciberinseguridad implica para el sistema financiero. Fue necesaria una crisis para tomar en serio este asunto. ¿Cuánto tardará en estar lista esta dirección y en funcionar el protocolo? ¿Llegará antes que el próximo ataque?

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