Nuestro país se nos está llenando de dolor, de hombres, mujeres y niños que desaparecen como si la tierra los absorbiera, sin ningún testigo y lamentablemente, sin autoridades que bajen a buscarlos.

Nos estamos volviendo un país que guarda las historias de vida como simples carpetas de investigación que nadie toma en serio, apelando a la amnesia colectiva.

Ayer hablaba con un grupo de amigas de la frialdad para dar un carpetazo a accidentes, secuestros o asesinatos sin siquiera saber la verdad. Como en el caso de Paulette, una historia que se volvió tan mediática, que todos pudimos darnos cuenta de que las influencias políticas funcionan para hacer de cuenta que nadie vio nada y que no pasa nada.

En el camino, muchas más historias hasta la de ahora que es la muerte de Debanhi, la fiesta, sus supuestas amigas, el joven que la acorraló en la calle y que recibió un par de patadas de ella, el taxi al que se subió, cuando se bajó, corrió y terminó en una cisterna.

Pero también los medios nos acercaron a la chica regiomontana de apenas 18 años, a su familia y al resto de los padres que siguen buscando a sus hijas desaparecidas y el país no hace nada.

No son tiempos de andar riendo carcajadas por la calle, no es el mejor momento para hacer bromas o para pasar de tajo a otro tema. Estamos en una crisis social y humanitaria, en donde no sabemos qué nos puede pasar o cómo nos puede pasar algo a cada una de nosotras.

La imagen de hoy, en donde aparecen dos mujeres abrazándose, son dos familiares de migrantes salvadoreños que emprendieron su camino para llegar a Estados Unidos, cruzando por nuestro país, obviamente, sin tener éxito.

Llegaron a México y desaparecieron, de nueva cuenta, nadie sabe ni dice nada. Las mujeres lloran y se abrazan como si así pudieran sucumbir el dolor de desconocer el paradero de su familiar.

Hay quienes salen a la tienda y no regresan; hay quienes van a la escuela o al trabajo y tampoco regresan; hay otros que deciden cumplir un sueño y no lo logran porque no regresan y hay quienes confían en un sistema de transporte y ni así, regresan.

Ellas decidieron salir de su país para venir a México en caravana junto a otras mujeres para exigir a las autoridades la búsqueda e investigación de sus familiares migrantes que desaparecieron en la ruta hacia el país norteamericano.

Vienen a alzar la voz, porque no basta con la nuestra. Vienen a nuestro país a exigir porque no es suficiente lo que hacemos como propios mexicanos a las autoridades. Vienen con enojo y con esperanza, de encontrar una señal o un cuerpo, pero encontrar.

La imagen de estas dos mujeres, es ese abrazo que nos da la paz por un tiempo breve, pero que nos soporta el dolor de adentro, ese que cala hasta los huesos y duele el alma.

Hoy no es un viernes normal, el dolor ronda por muchas familias mexicanas y eso no está bien.

Nos estamos volviendo en un país que olvida y debemos de hacer todo lo posible porque eso no pase.

Dos familiares de migrantes desparecidos se abrazan en San Salvador (El Salvador). EFE/Rodrigo Sura