Este martes se llevaron a cabo las elecciones intermedias en Estados Unidos en las que estaban en juego la renovación total de la Cámara de Representantes, 34 de los 100 escaños en el Senado y 36 gubernaturas estatales.

Sin restar importancia a las contiendas a gobernador, la atención de los mercados estaba principalmente enfocada en los resultados de las elecciones para la Cámara de Representantes y el Senado.

Prácticamente todas las encuestas pronosticaban que el control de la Cámara de Representantes pasaría del Partido Demócrata al Partido Republicano mientras que la contienda para el Senado era de pronóstico reservado.

Con los resultados al cierre de ayer, todo indica que los republicanos tomarán el control de la Cámara de Representantes, pero con un número de escaños menor al que anticipaban las encuestas.

La derrota del partido en la Casa Blanca en las elecciones intermedias para la Cámara de Representantes se ha convertido en algo casi inevitable desde hace 20 años y esta ocasión no fue la excepción. Sin embargo, la contienda por el Senado se mantiene en el aire y el resultado final podría tardar varias semanas.

Hasta ahora, los resultados indican que tanto el Partido Demócrata como el Republicano tienen asegurados 48 escaños cada uno, quedando por definirse aún cuatro contiendas (Georgia, Nevada, Arizona y Wisconsin). Con 77% de los votos contados en Nevada y 99% en Wisconsin, todo indica que los republicanos podrían ganar esos dos escaños para alcanzar 50.

Sin embargo, para lograr el control del Senado –en dónde los demócratas pueden romper un empate de 50-50 con el voto de la vicepresidenta que preside el Senado– los republicanos necesitan ganar en Arizona o Georgia.

En Arizona, los demócratas llevan una ventaja de 51.2% a 41.6% con 67% de los votos contados. En Georgia, el candidato demócrata aventaja al republicano por 49.42 a 48.52% con 98% de los votos contados, mientras que un candidato independiente acumula 2.07% del voto.

Sin embargo, en Georgia las reglas son diferentes y si ningún candidato alcanza 50% de la votación, se realiza una segunda vuelta entre los dos candidatos más votados que se llevará a cabo el 6 de diciembre.

Aun suponiendo que los demócratas ganen Arizona y Georgia, manteniendo la estrechísima mayoría con la que cuentan en el Senado desde la elección del 2020, los resultados generales arrojan una nueva división de poderes.

Aunque la división de poderes augura una mayor parálisis legislativa, dicha parálisis no necesariamente es mala noticia para los mercados. La parálisis quiere decir que no habrá cambios sustantivos en la política económica y, sobre todo, en política fiscal.

Por otro lado, vale la pena destacar algunos datos interesantes de la elección.

El primero fue la resistencia del Partido Demócrata, a pesar de los niveles de inflación más alta en 40 años y los bajos índices de aprobación del Presidente Biden. De acuerdo con una encuesta nacional de salida, 31% de los encuestados mencionó a la inflación como su principal fuente de preocupación.

El segundo, fue el débil desempeño de los candidatos respaldados por Donald Trump a la Cámara de Representantes y al Senado.

El tercero fue la victoria arrolladora que le dio la reelección al gobernador republicano de Florida, Ron DeSantis, quien se perfila como el principal contrincante de Donald Trump en las elecciones primarias para definir la candidatura presidencial del Partido Republicano para el 2024.

DeSantis obtuvo un margen de victoria de casi 20 puntos con 59.4% de la votación, ganando casi todos los distritos, incluyendo algunos bastiones demócratas, y convirtiendo a Florida en un territorio dominado por el Partido Republicano.

El margen de victoria de DeSantis se vuelve aún más relevante considerando que en el 2018 ganó la elección a gobernador por un estrecho margen de 0.4 por ciento.