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Ese sábado 11 de julio, Reyes Amir Mota no tendría que haber trabajado en el penal del Altiplano.

Amir es policía federal desde hace cuatro años y fue asignado al penal de alta seguridad hace año y medio. Ahí cumplía tareas de enlace de información. Recibía notas informativas de los funcionarios de la cárcel y las transmitía al mando central de la Policía Federal. No tenía injerencia en los contenidos.

El sábado 11, hace tres meses, el sábado en que se fugó El Chapo Guzmán, Amir recibió la instrucción de presentarse a un curso. Por eso estaba en el Altiplano cuando voló la noticia de la fuga. Su superior, Vicente Flores, le ordenó ir a la celda 20, donde las indicaciones se complicaban por el desasosiego. Los custodios, por ejemplo, se resistían a bajar por el hoyo de la regadera. Reclamaban que en las profundidades podrían estarlos esperando los escoltas del criminal más peligroso de México.

Pero Amir dio un paso al frente y dijo “yo voy, yo apoyo”. Fue el tercero en descender, detrás de un policía federal y un custodio. No encontró a los sicarios del Chapo. El infortunio lo aguardaba al salir del túnel.

Declaró como testigo, pasó a ser indiciado, lo detuvieron y le dictaron el auto de formal prisión por su probable responsabilidad en la fuga. Regresó al Altiplano, a una celda, y ahí podrá seguir semanas, meses, años.

Así cuenta la historia Nelly Mota, hermana de Amir. “¿Por qué mi hermano?”, pregunta. “Se ofreció a bajar sin que fuera su función y ahora estamos con Sansón a las patadas. Mi hermano merece una medalla, arriesgó su vida”.

Con los familiares de los otros diez policías federales presos, Nelly entregará hoy una carta al secretario de Gobernación para pedir que se instale una fiscalía que supervise los peritajes. Presentaron también el caso a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y buscarán una audiencia pública con el presidente Peña Nieto. “Le pediremos que no se eliminen ni fabriquen pruebas”, explica. “Porque la investigación está siendo encausada a los menos protegidos, a los que no tenían los recursos para hacer bien su trabajo en el Altiplano”.

—Es un testimonio desgarrador —le digo al comisionado de la Policía Federal, Enrique Galindo.

—Tenemos que cuidar y proteger a nuestros elementos, pero tenemos que ser muy respetuosos de los procesos ministeriales y judiciales —responde—. Aportaremos el mayor número de evidencias para encontrar la verdad. Si se determina que no tuvieron responsabilidad, se les reinstalará. Todos tienen elementos para enfrentar la defensa. Pero seremos muy cuidadosos de no interferir en el proceso.

Es absolutamente improbable que los 11 sean encontrados culpables. Más de un Amir, de un Billy don’t be a héroe, escuchará en semanas, meses, años el clásico: usted disculpe.

MENOS DE 140. Sobre el caso López Dóriga-Ayotzinapa-Proceso, imprescindible el artículo “Si los datos no nos apoyan…” (www.letraslibres.com/blogs).

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