Emilio Lozoya no entregó la historia que la 4T necesitaba, pero sigue siendo un sujeto de interés. A los muchos secretos que guarda de la forma en que funcionaba el equipo de Peña Nieto, ahora ha sumado a su colección particular algunas estampas que nos podrían decir mucho de cómo funciona la procuración de justicia y el combate a la corrupción en el gobierno de AMLO.

¿Qué hacemos con Emilio Lozoya Austin? Tiene mucha información, pero no es confiable. Es responsable de un quebranto multimillonario en la mayor empresa de México, pero no tiene forma de reparar el daño. No le alcanzaría con su inmenso patrimonio personal para pagar los miles de millones de dólares que costó su desastrosa gestión al frente de la empresa petrolera. No le alcanzaría, pero ese presunto delincuente no tiene derecho a retener obras de arte y cuentas en el extranjero.

Emilio “L” es el peor director en la triste historia de Pemex, por la magnitud del daño que ocasionó a la empresa. Es también el peor testigo colaborador en la breve historia de esta figura jurídica. Le hizo perder el tiempo a la Fiscalía y al Gobierno de México. No me preocupa el tiempo de los funcionarios, sino las consecuencias jurídicas de haber desperdiciado más de dos años persiguiendo pistas falsas o incompletas. Corresponde a los expertos en Derecho determinar si ese tiempo que se malgastó consintiéndolo tendrá una consecuencia en la prescripción de algunos delitos cometidos por servidores públicos y/o empresarios relacionados con el caso de este inefable personaje, Emilio “L”. Si así fuera, ¿cómo compensará ese señor, Emilio “L” los estropicios que hizo?

Lo ocurrido con este testigo protegido es nefasto, pero mucho menos relevante que lo que hizo Emilio Lozoya cuando era director de Pemex. El daño patrimonial que le hizo a Pemex entre 2013 y principios de 2016 va mucho más allá de lo que aparece en el expediente conocido de la Fiscalía. Este ex funcionario público encabezó la petrolera en un periodo de tres años en los que la deuda de la empresa pasó de alrededor de 50,000 millones de dólares a más de 100,000 millones de dólares. Todo parece indicar que en ese periodo operó en la empresa una red que cometió toda serie de delitos patrimoniales. El libro de Mario Maldonado cuenta una parte de la historia, pero hay mas. En el camino, deterioraron los indicadores financieros y de operación de la empresa, ¿cuánto del dinero contratado como deuda se desvió a otros fines… terminó en otras bolsas?

La FGR, hasta donde sabemos, se ha concentrado en su investigación de Emilio “L” en los sobornos relacionados con Odebrecht y en la compra-venta fraudulenta de una planta chatarra a Alonso Ancira. De Odebrecht, Lozoya recibió 6 millones de dólares, afirman directivos de la empresa brasileña. Para cobrar los sobornos se creó una empresa llamada Tochos (quizá en homenaje a su afición al deporte de los touch downs). El quebranto vinculado a la planta de Agronitrogenados se estima en 216.6 millones de dólares. Es Ancira quien deberá pagarlos. Lozoya, se supone, recibió 3.4 millones de dólares por haber promovido esta operación en el Consejo de Pemex y en otras instancias del Gobierno Federal.

Vale la pena detenerse en la cifra: 3.4 millones de dólares. Es mucho dinero en términos absolutos, pero parece poco cuando se pone en el contexto del “negocio” que propició. Es apenas 1.5% de los 216 millones. Los enterados dicen que en operaciones ilegales en el sector público el porcentaje para el facilitador es mínimo de 10% y en el caso de funcionarios “voraces” la cuota puede estar en 25 o 30 por ciento. La duda cabe, ¿hubo otros receptores de dinero? Más allá de lo que Lozoya quiso contar, ¿las Fiscalía y la UIF encontraron huellas de esos pagos en otras cuentas?

La Fiscalía pide 39 años de cárcel en contra de Emilio Lozoya. Pide también que este pague una multa equivalente a 5,450 días de salario mínimo. Esto es menos de 1 millón de pesos, apenas 942,150 pesos. La FGR quiere también incautar una casa valuada en 3.4 millones de dólares en la Ciudad de México y otra de 2 millones de dólares en Ixtapa. Quizá el gobierno no ha hecho bien las cuentas. El daño que hizo Emilio “L” no se repara con una mansión, aunque tenga de pilón 942,000 pesos. ¿Por qué recoger las migajas en vez de buscar el pastel?