¿Estamos en estanflación? Dejen que los expertos discutan. El hecho es que los precios agarran temperatura y la economía se enfría. Es inflación con estancamiento o viceversa. Qué es más delicado, el índice de precios al consumidor que llegó a 8.62% impulsado por alzas de 14% en alimentos no procesados o la pérdida de dinamismo de la economía, que según el IGAE lleva dos meses en territorio de crecimiento negativo, mayo y junio.

Quizá no sea estanflación, pero la cara de la economía luce pálida y hay algo de fiebre en el cuerpo. Es claro que el 2022 no resultó lo que se esperaba. En vez del crecimiento de 4.1% e inflación de 5.2%, que proyectaba Hacienda a fines del 2021 tenemos otros datos: el PIB no crecerá más de 1.9% y la inflación no bajará de 7.5 por ciento.

Tenemos una idea más o menos clara de lo qué pasó. El covid no se fue y Rusia invadió Ucrania. En lo interno, los precios de los alimentos se dispararon mientras que la inversión pública y privada se mantuvo en los menores niveles desde que se lleva registro. Nos enfrentamos a una inflación que no cede y a una economía que pierde dinamismo. Las cifras de empleo en México dan cuenta de cómo se ha complicado la situación. Según las cifras del Instituto Mexicano del Seguro Social, en febrero de 2022 se crearon 178,867 empleos formales y en marzo, 64,566. Desde entonces, hemos tenido cuatro meses que en total han generado 73,553 puestos formales, apenas un promedio de 18,388 por mes.

México tiene una situación complicada, pero no estamos solos. En Estados Unidos, la inflación parece haber tocado techo, pero la economía acumula dos trimestres de crecimiento negativo, con la anomalía de “gozar” de un mercado laboral al que le falta gente para llenar las vacantes. China no tiene problemas con la inflación, aunque se prepara para tener la menor tasa de crecimiento en cuatro décadas, menos de 4 por ciento. En Europa viven los niveles más altos de inflación desde hace 40 años y dan por hecho que caerán en recesión en algún momento del 2022 o a más tardar en 2023. Inglaterra, además, empieza a vivir en algunos de los peores escenarios vaticinados en la campaña del Brexit, los pronósticos auguran inflación en el rango de 13 a 18 por ciento.

¿Qué es lo que nos está pasando? Usar una palabra tan fuerte como estanflación puede sonar exagerado, porque no tenemos altas tasas de inflación ni una caída brutal de la economía. Encima, tenemos sectores que traen buenas tasas de crecimiento, por ejemplo el turismo. Podríamos decirle Infesión, a esto que se vive como una estanflación light, sugiere Gabriel Casillas, el economista en jefe de Barclays para América Latina. Más allá de cómo le llamamos, el reto es encontrar la cura para este doble malestar.

En la doctrina económica, no hay medicina conocida: lo que cura la inflación, perjudica el crecimiento; lo que estimula el PIB, es como abono para esa malahierba mejor conocida como inflación.

La mayoría de los bancos centrales están usando toda su artillería para contener y bajar los precios. La Reserva Federal de Estados Unidos, el banco central más importante del mundo, está marcando la pauta. Sube tasas y reduce la inyección de dinero en la economía. Sus movimientos son seguidos por la inmensa mayoría de banqueros centrales, desde México y Canadá hasta Europa y América del Sur. Por el momento, ha vuelto la ortodoxia monetaria. El Banco de México se prepara para ejecutar nuevas alzas de tasas: estamos en 8.50 y subirá hasta 9.00 o 9.25. Los mercados lo anticipan y mejoran la cotización del peso contra el dólar, pero la inflación no cede. En México (y en el mundo), se necesita algo más que política monetaria para achatar la joroba de los precios.

¿Qué hacer para derrotar a una inflación que incluye problemas de abasto de bienes cruciales como petróleo, maíz, fertilizantes y microchips? ¿Cómo reducir en México el impacto inflacionario de fenómenos como la inseguridad y la existencia de mercados monopólicos?

Uno de los mayores riesgos para los próximos meses es que la guerra contra la inflación no tenga éxito en el corto plazo, pero resulte contundente para asfixiar el crecimiento económico. Estamos hablando de un triángulo de las Bermudas donde se extraviaría la economía: inflación resiliente; actividad económica cascabeleando y tasas de interés rígidamente altas. Una recesión inducida para ganar el combate a la inflación, con recursos público disminuidos para atenuar los efectos en los grupos más vulnerables. En inglés, describen ese escenario como hard landing, aterrizaje difícil. Vendrán turbulencias y habrá que abrocharse los cinturones. Estar alertas y aguzar los sentidos. ¿Conocen el ruido que hacen las cosas al caer? ¿Pueden sentir las vibraciones de las cosas mientras caen?