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La semana pasada, a prácticamente cinco años del inicio de la disputa comercial entre Estados Unidos y China, la secretaria del Tesoro de Estados Unidos, Janet Yellen, pronunció un discurso que, para algunos expertos, formaliza la transición de una guerra comercial a una verdadera guerra fría entre estos dos países.

Vale la pena recordar que el distanciamiento empezó en mayo del 2017, cuando la administración Trump comenzó a cambiar las reglas de la relación entre ambos países, identificando a China como la principal amenaza a la hegemonía global de Estados Unidos.

Aunque la disputa comenzó como un tema comercial, Estados Unidos tiene claro que el modelo económico de China para los próximos 20 años busca su evolución de una potencia manufacturera a una economía basada en la innovación y la tecnología.

Asimismo, los dirigentes chinos han interpretado la postura estadounidense como una amenaza directa a la piedra angular de evolución en su modelo de política industrial.

De tal manera, lo que empezó como una disputa comercial en el 2017, se ha ido convirtiendo en una disputa geopolítica que comienza a asemejarse a una guerra fría.

Para algunos especialistas, esta transición implica costos económicos muy importantes para la economía global.

Uno de estos especialistas es Stephen Roach, catedrático de la Universidad de Yale y columnista del portal Project Syndicate. Anteriormente, Roach fue el economista en jefe a nivel global de Morgan Stanley y Chairman de la misma firma en Asia. Además de sus publicaciones periódicas para Morgan Stanley, Roach ha publicado artículos en varios diarios como el New York Times.

En su más reciente artículo para Project Syndicate, Roach interpreta que el discurso de la semana pasada de Janet Yellen representa el final de cuatro décadas de una relación bilateral que priorizaba los temas económicos y comerciales.

Para Roach, el fragmento más relevante del discurso de Yellen es el reconocimiento explícito de que Estados Unidos está dispuesto a priorizar los temas de seguridad nacional y a asumir los costos económicos de esta estrategia.

En este sentido, Roach destaca la inminente implementación de restricciones a la Inversión Extranjera Directa, por parte de empresas estadounidenses en China para el desarrollo de ciertas tecnologías como Inteligencia Artificial y computación cuántica.

Esta estrategia de priorizar la seguridad nacional no es exclusiva de Estados Unidos ya que China también ha puesto este tema como prioridad en la relación bilateral.

Dado que ambos países están dispuestos a asumir el costo económico de estas posturas, la discusión relevante pasa al terreno de cuantificar dichos costos para la economía global, para China y Estados Unidos.

En su artículo, Roach apunta a un estudio del Fondo Monetario Internacional (FMI) incluido en la publicación más reciente del World Economic Outlook. En dicho estudio, el FMI anticipa una tendencia de desglobalización y una disminución en los flujos comerciales de bienes y capital a nivel internacional.

Esta desglobalización no implica un regreso las economías cerradas de hace 50 años, pero si la creación de bloques comerciales regionales (nearshoring) o entre países que comparten los mismos intereses geopolíticos (friendshoring).

En la práctica, cada uno de estos bloques debería tener cierto nivel de alineación con alguna de las dos potencias económicas globales. Para el FMI, este fenómeno podría reducir el PIB global en hasta dos puntos porcentuales por año en el largo plazo, con Estados Unidos cargando buena parte de este costo.

Por otro lado, Roach destaca los comentarios de la presidenta del Banco Central Europeo (ECB), Christine Lagarde, en cuanto a que estas tendencias podrían ser un factor que mantenga las presiones inflacionarias vigentes.

En este contexto, Roach concluye que esta nueva guerra fría podría contribuir a un menor crecimiento económico, más inflación y un dólar más débil.