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Un aumento en las colegiaturas puede ser determinante para que una familia mantenga a sus hijos en el colegio.

La inflación de septiembre siempre es complicada por el regreso a clases. Los incrementos en las colegiaturas de todo el año escolar de las escuelas particulares entran en vigor en este mes y suelen ser superiores al nivel inflacionario. En los años de mayor crecimiento económico, la inflación de los servicios educativos suele ser muy superior al índice general, pero en tiempos como estos, en donde la economía está aletargada, se han moderado los aumentos de las colegiaturas.

Y es que un aumento fuerte en los pagos de las escuelas suele ser un determinante para que una familia mantenga a los hijos en un colegio o en otro.

Por eso es que la inflación de la primera quincena de septiembre de este año no deja de tener ese componente estacional y por lo tanto el registro es alto.

La inflación de 0.32 por ciento de la quincena pasada, que llevó la medición general a 4.21 por ciento, es alta. Sin embargo, hay otros precios cuyo comportamiento vale más la pena seguir de cerca.

La inflación de los productos estables, aquellos que no están sujetos a una temporada o a una buena cosecha, la llamada inflación subyacente, tiene un registro anualizado de 3.34 por ciento. Este dato deja ver como que el consumo privado se mantiene deprimido.

Pero la inflación no subyacente, la que mide el comportamiento de los precios de los productos que tienen movimientos dependiendo de diferentes condiciones que rebasan la relación oferta-demanda, ésa tiene un registro anualizado de 7.09 por ciento.

Las frutas y las verduras subieron fuerte la quincena pasada porque el jitomate, la cebolla y el chile otra vez hicieron de las suyas y volvieron a encarecer el pico de gallo. Pero en términos anualizados la inflación de estos productos del campo no alcanza ni siquiera 2 por ciento.

El problema viene con los precios de los productos cárnicos. Con el kilo de bisteces por arriba de los 110 pesos y a 80 el precio del kilo de la pechuga de pollo, evidentemente que se convierte en un asunto delicado. La inflación de los productos pecuarios alcanza 11 por ciento de inflación anualizada.

Es mala noticia que los precios que componen la canasta básica son los que han sufrido más incrementos. Y lo que falta, porque en octubre vuelven a subir las tarifas eléctricas por el final del verano y presionan más la inflación.

Algo bueno que puede esperar el banco central en su lucha constante contra la inflación arriba de 4 por ciento es que en poco más de tres meses acaban los gasolinazos y entonces vendrá un solo impacto, fuerte por su peso en la formación de precios, en enero, y el resto del año la tranquilidad de no tener aumentos que tripliquen la medición general.

Lo que sucede es que el banco central tiene que explicar muy bien si quiere tolerar o no su meta inflacionaria rebasada. Claro que tampoco hay tanto que hacer cuando los precios que presionan la medición general reaccionan más a la lluvia que a las tasas de interés. Pero sí hay que saber qué piensa de estos niveles inflacionarios actuales la Junta de Gobierno del banco central.