La recuperación es como el arca de Noé, ahí no caben todos

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Luis Miguel GonzálezCaja Fuerte

No todos los damnificados por la crisis del 2020 se asoman en las cifras del mercado laboral

Hay tres tipos de mentiras, decía GB Shaw: las mentiras, las malditas mentiras y las estadísticas. Cuando decimos que la economía mexicana caerá 9% en 2020 no estamos mintiendo, pero estamos diciendo una verdad a medias. El – 9% es un promedio. La agricultura crecerá 2 o 3 por ciento. El turismo caerá más de 25 por ciento. El comercio electrónico tendrá el mejor año de su historia. La industria restaurantera y sus proveedores están pasando una temporada en el infierno.

El crecimiento previsto para 2021 estará en torno al 3 por ciento. Es una verdad a medias decir que con ese crecimiento tendremos una recuperación, porque la economía será seis puntos porcentuales más pequeña que a finales de 2019. Estos números son fríos y no alcanzan a contar toda la historia. Después de caer 9% y crecer 3%, debemos interrogar a la realidad para averiguar ¿cuántos empleos se perdieron y no se pudieron recuperar?; ¿cuántos negocios cerraron?… ¿cuántas personas pasaron a la pobreza?. Los números son fríos; para entender lo que significa necesitamos más rostros e historias de vida. Menos discursos políticos.

Una crisis es como un terremoto que destruye muchas cosas, pero deja también muchas en pie. La periodista Alma Guillermo Prieto cuenta la historia de la gran crisis de violencia y crimen de Colombia, en los 80’s. Nos recuerda que, incluso en esa circunstancia, había negocios que prosperaban, entre ellos las funerarias y los dedicados a la reparación de ventanas.

En México, en este año terrible, en el que vivimos la mayor caída de la economía mexicana desde 1932, hubo quienes ganaron: los expertos en ciberseguridad y los fabricantes de mascarillas y productos desinfectantes, por ejemplo.

La recuperación económica se parece al arca de Noé. ¿Es más importante contar el relato de los que van arriba de ella o la de los que no pudieron subir? Dejando de lado motivaciones políticas, es necesario mirar las dos partes de la historia. En el tercer trimestre del 2020, la actividad económica creció 12 por ciento. Del millón 100,000 empleos que se perdieron de marzo a julio, se han recuperado 406,000 entre agosto y octubre. Son reales los más de 400,000 que aparecen en los mensajes de AMLO y la 4T. No son imaginarios los 710,000 que quedaron sin empleo en la formalidad y están sufriendo para encontrar algo. Duda metafísica: ¿qué porcentaje de los informales están arriba del arca de Noé?

No todos los damnificados por la crisis del 2020 se asoman en las cifras del mercado laboral.

El Coneval calculaba que el número de pobres pasaría de 52 a 62 millones, el mayor incremento registrado en nuestra historia. Este número (10 millones) es enorme. Mayor que la población de todos los Estados, con excepción del Estado de México. No sabemos a cuántos salvan de caer en pobreza los 3,500 millones de dólares mensuales de las remesas y a cuántos rescataron los programas sociales del Gobierno. Tampoco sabemos cuántos de los “nuevos pobres” ellos eran clase media… por qué hablamos tan poco del impacto de esta crisis en los clasemedieros. Nos faltan estadísticas, pero también cronistas.

Los pronósticos pintan o proyectan un 2021 menos duro que el 2020. Habrá crecimiento de 3%, en el caso mexicano, suponiendo que la pandemia esté controlada. Es necesario subrayar que el 3% es un promedio. Tendremos crecimiento en algunas actividades y alargamiento de la crisis para otras. Dentro de cada actividad, habrá ganadores y perdedores, pero sobre todo grandes cambios cualitativos.

Junto con la pandemia, estamos viviendo un proceso de transformación tecnológica que equivale a un sunami. Seguirán las lluvias torrenciales y una cosa es clara: el arca de Noé no alcanza para todos.

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