La reforma energética que al final se logró fue producto, sin duda, de la determinación del gobierno de Peña Nieto de hacer de ese cambio estructural el más importante de su gobierno.

Pero si logró tal profundidad y nivel de cambio radical, aparentemente para bien, fue porque la oposición panista vio la oportunidad de meterle la mano y dejarla del tamaño de los sueños de un partido de derecha que poco había logrado para darle al país esa clase de instrumentos.

Porque así como la reforma fiscal tiene todo el toque de la izquierda perredista, así la reforma energética tiene todo el estilo del Partido Acción Nacional. Y en medio está un gobierno priísta ecléctico, que tuvo claro que sólo así se lograba hacer algo diferente a la inmovilidad preponderante.

Y cuando parecía que la temporada de cambios legislativos importantes estaba terminada, se ha desatado una nueva competencia que puede dar buenos resultados si se actúa rápido y se evita la sobre-politización tan predecible en este tema.

Es un hecho que así como México no conoce la competencia en el sector energético, tampoco conoce lo que significa el combate a la corrupción. Pero, así como en muy poco tiempo se terminarán los monopolios estatales energéticos, así podríamos ver un combate real a la corrupción y todo derivado de una nueva carrera parejera entre partidos políticos.

Otra vez, el punto de partida es una propuesta presidencial hecha a principios del sexenio, pero olvidada a lo largo de estos años y ayer el tema resurgió con mucha fuerza cuando lo hizo suyo el PAN.

Si algo ganó ese partido con el interinato de Ricardo Anaya como presidente fue una enorme elocuencia en el discurso. Y fue tan claro y convincente el planteamiento del dirigente panista que de inmediato sonaron las alarmas en el cuartel presidencial.

La señal fue salir de inmediato en bloque y por los medios habituales a recuperar el discurso de ser promotores de la lucha contra la corrupción.

En pocas horas salieron a dar un posicionamiento público, en vivo por la televisión, lo mismo César Camacho, presidente del PRI, que los coordinadores parlamentarios Emilio Gamboa y Manlio Fabio Beltrones. Todos reclamando la paternidad del chamaco anticorrupción y saludando políticamente la iniciativa contraria.

El Sistema Nacional Anticorrupción puede hacer que realmente se castigue este cáncer que sigue devorando a este país. Y no hay manera de que algún personaje político o partido que quiera conservar sus votos se pueda oponer.

La jugada panista fue maestra porque enarbolaron la bandera correcta en el momento adecuado y los priístas repentinamente quedaron como seguidores de una idea que originalmente era suya, pero que buscaron guardarla en el cajón de los olvidos.

Hay una muy buena oportunidad de que este tema progrese con muy buenos resultados en el Congreso, si el tema conserva la atención de la opinión pública puede ser otro de los grandes cambios estructurales de este país.

Es de tal tamaño este problema, y por lo tanto la necesaria solución, que el combate al delito de la corrupción podría añadirle varios puntos adicionales al crecimiento del Producto Interno Bruto. Sin duda.