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Hay algunos que claramente ya se armaron de dólares de a 17 pesos y nada desean más que regrese a los niveles de 22 para hacer algo de ganancia especulativa

Se empiezan a multiplicar los analistas que anticipan una nueva tragedia cambiaria para el peso. Tienen especial interés en que quede claro que hacia finales de este año vendrá una nueva depreciación de la moneda.

Los volátiles pronósticos de 
la paridad peso-dólar calculan ahora niveles similares a los actuales, pero hay quien insiste que 
esto es una pausa en la tendencia 
de depreciación.

La realidad es que ni unos ni otros tienen certeza de lo que avanzan. Hay algunos que claramente ya se armaron de dólares de a 17 pesos y nada desean más que regresar a los niveles de 22 para hacer algo de ganancia especulativa.

Los que adelantan más estabilidad leen las expectativas neutrales de las firmas calificadoras que hasta hace poco tenían a México en el paredón de la degradación crediticia.

Los reportes de finanzas públicas, los datos del desempeño económico, los precios del petróleo y hasta el tope del incremento inflacionario son razones de análisis para adelantar estabilidad.

Pero sobre todo en estos tiempos son los factores imponderables los que más pueden pesar en el comportamiento cambiario.

La próxima semana inicia la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte y si bien las pláticas están bien estructuradas en rondas, sectores, cuartos de junto y demás, la realidad es que la negociación completa pende de una decisión visceral y arbitraria del presidente de Estados Unidos. Tiene la facultad de decir nos vamos y se van.

Ese es un temor latente, real, que persiste en los mercados y el tipo de cambio sería el primer receptor de un tuit o una declaración de Trump en ese sentido.

En la medida en que se logren avances tangibles en las pláticas, 
serán menos lastres para la moneda. No hay que olvidar que el primer interesado confeso en que el peso sea fuerte es el gobierno de Estados Unidos.

Más lejano de las decisiones mexicanas pero con un impacto directo, está la política monetaria de Estados Unidos. En la medida en que se acredite la posibilidad de un más acelerado aumento de las tasas de interés por parte de la Reserva Federal, más capitales querrán estar en la fiesta del dólar. Y por el contrario, mientras con más calma se lo tomen, más estabilidad ganará el peso.

Otro factor que puede condicionar el temple de los operadores de los mercados es el proceso electoral que inicia dentro de un mes, con miras a las elecciones presidenciales y que tiene su momento culminante con el proceso poselectoral. Porque el día de las elecciones en México es solamente una aduana previa a la resolución judicial del resultado.

Entonces, hay claramente quien está interesado en que corra la versión de la inminente devaluación porque en ello llevan su ganancia. Tampoco se puede comprar el escenario de la moneda ganadora, porque hay topes para continuar con la apreciación del peso.

Los datos duros disponibles de la economía mexicana sí apuntan a un mucho mejor desempeño que debería ser el cimiento de una mayor estabilidad.

Lo cierto es que el comportamiento del peso ya pertenece a un mercado global que compra y vende la moneda mexicana las 24 horas del día y desde cualquier rincón del planeta.