Pandemia por coronavirus (Cobertura especial)

¿Es sostenible la buena marcha de las remesas?

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Luis Miguel GonzálezCaja Fuerte

El hecho es que la caída de las remesas no ha ocurrido en México. Esto es peculiar porque sí está pasando en otros países que dependen de las remesas

En abril, el Banco Mundial predijo que las remesas hacia los países de ingresos medios y bajos caerían 20 por ciento en el 2020. La sorpresa es que tenemos datos del primer semestre completo y esto no ha ocurrido, cuando menos para el caso de México. Los recursos enviados por los paisanos crecieron un poco más de 10.6 por ciento y llegaron a 19 mil 75 millones de dólares. El incremento es relevante porque ocurre en medio de una crisis, pero también porque el periodo de referencia implica una marca difícil de superar: en el 2019 se alcanzó la cifra más alta de nuestra historia, 36 mil millones de dólares.

Si los pronósticos del Banco Mundial se hubieran cumplido, la reducción de los recursos sería de alrededor de 600 millones de dólares mensuales para México. En un año, serían 7 mil 200 millones de dólares. Un desplome de ese tamaño significaría una crisis dentro de la crisis: las remesas son la principal fuente de ingresos de 8.7 millones de hogares en México.

En nuestro país hay 34.7 millones de hogares. En cada una de las crisis que hemos vivido, los envíos de los paisanos han sido un tanque de oxígeno para los receptores. El temor de los expertos es que esta vez no ocurriría así. Es la primera vez en nueve décadas en las que Estados Unidos y México comparten caídas del Producto Interno Bruto de dos dígitos.

El hecho es que la caída de las remesas no ha ocurrido en México. Esto es peculiar porque sí está pasando en otros países que dependen de las remesas. En casi todo el mundo se están cumpliendo los augurios del Banco Mundial.

Nepal registra una caída cercana a 25 por ciento de los envíos, provenientes de sus ciudadanos que radican en países petroleros del medio oriente. Marruecos trae una baja superior a 20 por ciento de las remesas que llegan desde España, principalmente. Más cerca tenemos el caso de El Salvador y Guatemala. Entre enero y mayo registran una reducción de alrededor de 12 por ciento de los dólares respecto a los dólares que recibieron en el 2019.

México es una excepción en el mapa. Tenemos que hacer un esfuerzo para entender lo que está pasando, porque no hay una explicación lógica.

El pronóstico del Banco Mundial partía de una premisa sensata: las remesas caerían porque iban a mermar los ingresos de los que hacen los envíos. Estos subieron, mientras la economía estadounidense sufría la mayor caída desde la crisis de la década de los 30 del siglo pasado.

En el primer trimestre, fue un declive de 5 por ciento. Entre abril y junio, un desplome de 32 por ciento. En esos seis meses, alrededor de 40 millones de personas presentaron solicitudes de apoyo por desempleo.

Hay solidaridad de los paisanos hacia sus parientes y sus lugares de origen. Claro que sí, es importante agradecerles y acostumbrarnos a incorporar variables emocionales para explicar los datos económicos. También explorar otras explicaciones. Una de las más interesantes es la que ofrece al Financial Times el economista en jefe del BBVA. Carlos Serrano dice que 60 por ciento de los mexicanos que radican en Estados Unidos tienen papeles y son elegibles para recibir apoyos oficiales, que fueron de alrededor de 600 dólares semanales en el primer semestre y hasta julio. Los paisanos se quedaron sin chamba, pero mantuvieron ingresos, gracias a los multimillonarios programas de asistencia a los desempleados.

¿Será? Carlos Serrano es un gran economista y está muy informado. Habrá que estar muy atento a la discusión del Congreso de Estados Unidos sobre una nueva ronda de apoyos a los desempleados. Los republicanos quieren reducir los montos; por lo pronto, no hay acuerdo con los demócratas.

Hay un riesgo real de que los paisanos se queden sin recursos excedentes para enviar. Si así fuera, el segundo semestre será muy diferente al primero. No hablaremos tanto de la solidaridad, como de los negros augurios del Banco Mundial.

Por Luis Miguel González

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