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El próximo gobernador del Banco de México, Arturo Herrera, se va a estrenar en el cargo con un Índice Nacional de Precios al Consumidor que, todo parece indicar, estará muy por arriba del rango que hasta ahora se ha permitido el banco central mexicano.

La promesa de Herrera es que mantendrá la autonomía del Banxico y que asumirá una postura de política monetaria que no siempre pueda resultar inocua para el gobierno federal.

Herrera Gutiérrez sabrá, mejor que nadie, que la deuda pública sí se ha incrementado de forma notable y tendrá claro que la presión del ritmo de gasto del presidente Andrés Manuel López Obrador podría implicar que se acelere el endeudamiento.

Y esto lo tendrá presente cuando la ortodoxia monetaria tenga que llevar al instituto central a determinar un incremento en las tasas de interés.

Un banquero central autónomo deberá tomar decisiones polémicas y de paso recomendar a la autoridad fiscal que sea más cuidadosa con el manejo de sus pasivos y no debería temer a que el presidente López Obrador levante el teléfono para enderezar un regaño o lo ponga en su lista negra en las mañaneras.

Y es que las presiones inflacionarias se mantienen, las expectativas del comportamiento de los precios no se moderan y podría ser necesario que el Banco de México se muestre más contundente al cierre de este año e inicios del siguiente para poder anclar las expectativas de una inflación que se reencause hacia la meta.

Pero ese es justamente el periodo de cambio en la gubernatura del banco central, por eso la trascendencia de conocer el rumbo que tomará esta institución cuando ya sean mayoría los integrantes de la Junta de Gobierno designados por el presidente Andrés Manuel López Obrador.

Por lo pronto, los especialistas que consulta el propio banco central no creen en un efectivo control inflacionario en lo que resta del año. En la encuesta publicada en mayo pasado anticipaban una inflación para el cierre de este 2021 de 4.56%, en la de junio ya esperaban 5%, en julio 5.60% y en la que recién se acaba de publicar los expertos ya anticipan 6% de inflación general para diciembre.

El gobierno federal no parece muy preocupado por el tema inflacionario, con la mano en la cintura ha elevado sus tarifas hasta en dos ocasiones en lo que va de año para no perder ingresos en términos reales. Ahí está por ejemplo el peaje de la autopista México-Cuernavaca que subió 7% en febrero pasado y otro 10% este pasado lunes.

Ojalá no regresen a Arturo Herrera esas expresiones de terror cuando asumió la Secretaría de Hacienda en el verano del 2019, pero también ojalá tenga muy claro su papel autónomo e independiente en algo que estará lejos de ser un día de campo en el Banco de México.

Entre las presiones mundiales en los precios, derivados de los desajustes económicos de la pandemia del Covid-19 y las peculiaridades del pensamiento económico de la 4T, queda claro que por largo tiempo las presiones inflacionarias pueden ser un tema recurrente y la actuación, autónoma o no del Banxico, también estará en el escrutinio de los mercados.