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Muchos de los que ahora mismo aprovechan las oportunidades financieras que da la fortaleza del peso, con tasas de interés tan altas y grado de inversión, están también preparados con un buen salvavidas para saltar en el momento en que viniera cualquier, digamos, corrección cambiaria.

Una de las grandes ventajas del mercado cambiario mexicano es su enorme liquidez y su operación continua.

Y los que habitualmente quedan atrás son los que suelen no ser participantes de esos buenos rendimientos pero que están atados a la moneda y a su economía de forma inevitable.

No hay augurios de un Titanic, como sí ha sucedido en otros momentos especulativos, pero es un hecho que, si la burbuja crece y revienta, se convertirá en tema de conservación y de preocupación que puede llevar, entre otras cosas, a que regresen las presiones inflacionarias.

Es verdad que son muchos los factores que han fomentado la apreciación del peso, la principal que no hay que olvidar es que no se trata de un peso fuerte, sino de un dólar débil.

Si atendemos la cotización de los futuros del dólar frente a una canasta de seis monedas maduras (el índice DXY) podemos ver que su gráfica de comportamiento de las últimas semanas es similar a la del peso y su fortalecimiento frente al dólar.

Incluso, la corrección que tuvo durante buena parte de la jornada de ayer 9 de abril, en ese regreso de los 16.32 a los 16.40, era prácticamente una calca de las operaciones del DXY.

Es verdad que no sólo son los terribles especuladores en los mercados los que compran pesos, hay muchas fuentes de entrada de divisas en estos momentos, pero un vuelo alterado de esa parvada financiera puede poner nerviosos a todos los demás.

Lo que sucede en momentos como el actual es que se agudizan los sentidos de más agentes económicos ante las variables macroeconómicas y ante las señales, siempre ambiguas, de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed).

Ayer fue día de atención para los datos inflacionarios de México al cierre de marzo pasado. El ligero repunte de la inflación general y el aplanamiento de la curva de descenso de la inflación subyacente anticiparían pocos cambios en la política monetaria del Banco de México.

Pero el indicador más relevante llega hoy con la inflación general y subyacente de Estados Unidos al cierre del mes pasado. Con las evidencias de un mercado laboral fuerte, como lo vimos con las nóminas no agrícolas del mes pasado, la inflación es la que más señales puede mandar respecto al futuro de las tasas.

Como el dato sale muy temprano este miércoles, ya sabremos desde la mañana cuál fue la reacción de los mercados. Lo que sí es posible adelantar es que no permanecerán indiferentes ante lo que anticipe esa información estadística.

El punto es que se ha generado una tensión muy notoria en los mercados financieros respecto al futuro monetario y eso puede implicar movimientos bruscos en mercados cambiarios como el mexicano.

Los que estén preparados saldrán pronto, los que nos quedamos tendremos que ver qué tan profundas pueden ser las correcciones, en un ambiente que, además, tiene alta contaminación política en México y en Estados Unidos.