Ni siquiera perdonando las sanciones a Venezuela y Libia se podría alcanzar a cubrir la demanda de petróleo de occidente ante un eventual bloqueo del crudo que produce Rusia y esto Vladimir Putin lo sabe.

De hecho, tal parece que el autócrata ruso cree que puede tener éxito en su invasión a Ucrania recargado en tres patas. La primera es precisamente la dependencia europea de los energéticos rusos, la segunda es la amenaza nuclear si la OTAN se involucra en esta guerra y la tercera es el apoyo que Putin dice tener del gobierno chino de Xi Jinping.

Es evidente que las sanciones aplicadas hasta ahora en contra del gobierno de Moscú tienen un impacto muy fuerte en la economía rusa, que podría entrar en una profunda recesión. Pero el sostén económico de lo que Vladimir Putin ya proyecta como un nuevo imperio es su enorme mercado de energéticos y granos.

De acuerdo con datos de la Administración de Energía de Estados Unidos, Rusia es el tercer productor mundial, con más de 10 millones de barriles diarios y con ellos posee 11% del mercado global.

Es el país más grande del mundo, pero poco industrializado y consume apenas 3.5 millones de barriles diarios, con lo que demanda 4% de los hidrocarburos del mundo. Esto implica que su vocación es básicamente exportadora de energéticos.

Estados Unidos es el fenómeno energético del siglo, pasó de una dependencia de la mitad de su consumo a principios de este siglo a prácticamente la autosuficiencia y hasta la exportación de petróleo crudo en el 2019 que fue su mejor año de producción.

Por eso, desde su postura, el gobierno de Washington puede amenazar a Rusia con boicotear sus exportaciones de hidrocarburos. El problema es para los socios europeos que verían frenado el suministro de petróleo y de gas rusos del que son dependientes.

La pura amenaza ha llevado los precios de los referentes del petróleo en los mercados a niveles superiores a 120 dólares por barril, porque queda claro que no alcanza la producción mundial del resto de los países petroleros para paliar la falta del combustible ruso.

Pero es un hecho, Vladimir Putin tiene en las ventas del hidrocarburo la principal fuente de financiamiento militar, lo que explica por qué el propio gobierno ruso no ha determinado cortar el suministro energético a Europa.

Dicen que los chinos estarían felices de recibir esos combustibles, China produce 5 millones de barriles diarios de petróleo, pero consume 15 millones de barriles todos los días. Solo que para cambiar la dirección del flujo de esas exportaciones hacia el sediento y poderoso mercado chino se requiere infraestructura que hoy no existe.

Así que el arma energética es, aparentemente, la más poderosa que puede tener hoy occidente en contra del régimen de Putin si no quieren enfrascarse en una guerra militar que puede derivar en una debacle nuclear.

Evidentemente quien está en la peor posición es Europa, marcadamente Alemania, que podría cometer un error estratégico si cierra la válvula a las importaciones rusas de hidrocarburos.

Pero Vladimir Putin no se va a detener y si no pueden mandar aviones de la OTAN y occidente no quiere involucrar a China, la mejor arma disponible es bloquear las exportaciones rusas de petróleo.

Rusia y el petróleo

Productor

Rusia es el tercer productor mundial, con más de 10 millones de barriles diarios y con ellos posee 11% del mercado global.

Poca demanda

Es el país más grande del mundo y consume sólo 3.5 millones de barriles diarios, es decir 4% de los hidrocarburos del mundo.

Se encarece

En medio de la tensión, los precios de los referentes del petróleo han superado los 120 dólares por barril.