Pues ahí está, contrario a lo que deseaba López Obrador, el Banco de México subió la tasa de interés interbancaria en 50 puntos base, hasta 7 por ciento. Si el voto no resultó unánime de la Junta de Gobierno fue porque la subgobernadora Irene Espinosa estimó oportuno un aumento de 75 puntos base.

Cuando hay la expectativa de aumento en los precios, los consumidores tratan de acelerar su consumo en un afán de adelantarse al incremento. Justamente sube el costo del dinero para que los ciudadanos encuentren más incentivos en ahorrar esos recursos y en no pagar altas tasas de interés en los créditos al consumo.

Pero en un país de tan baja bancarización lo que cuenta, tanto como la decisión de política monetaria es la confianza de que el Banco de México está haciendo algo contra la inflación y por lo tanto es posible creer que habrá mayor estabilidad en los precios.

Sin embargo, si la lucha contra la inflación se traslada a la tribuna donde más se polariza la vida política y social del país se le quita la neutralidad al combate inflacionario y se convierte en una más de las estrategias de propaganda del presidente Andrés Manuel López Obrador.

La más reciente Encuesta Nacional de Inclusión Financiera revela que casi 80% de los adultos en México usa efectivo para hacer pagos superiores a los 500 pesos, apenas 33% de la población tiene un crédito y menos de la mitad tienen una cuenta formal en el sistema financiero mexicano.

Así que, con este escenario el poder de la política monetaria pesa más en el mensaje de credibilidad en el Banxico que el efecto real de un incremento en la tasa de interés interbancaria.

Claro, hay una parte de los mercados financieros que, si bien menos numerosa, sí resiente el nivel del costo del dinero y tiene mucha influencia en la economía mexicana, pero es básico que el Banco de México no pierda su lugar de referente y Vaca Sagrada del control inflacionario.

López Obrador usa el tema como simple instrumento de propaganda. Ayer por la mañana, justo en el día que tocaba al banco central ser protagonista de la lucha inflacionaria, la cuenta oficial de twitter del Presidente llamó a la feligresía a la homilía diaria con este mensaje:

“Trabajamos para controlar la inflación y evitar la carestía. Conferencia de prensa matutina desde Palacio Nacional”.

Así, reducido a un simplón slogan publicitario, asumen que es en Palacio donde se lucha y se trabaja para controlar la inflación.

Por supuesto que la inflación no fue el tema de la puesta en escena mañanera, sino su nueva bandera de polarización de boicotear la Cumbre de las Américas. Pero ahí quedó el mensaje como prueba del deseo de querer controlarlo todo desde la casa presidencial.

¿Qué espera el Presidente que suceda con la inflación? Por supuesto que pronto toque un techo, como podría ya haber ocurrido en Estados Unidos, y que cualquier dato que implique una despresurización se lo pueda adjudicar como un triunfo propio.

El Banco de México no necesita medallas por su trabajo, pero tampoco necesita estorbos políticos en su delicada tarea.