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Si dejamos solamente en manos de la visión oficial la interpretación de los datos económicos, lo que tendremos es el discurso habitual de que vamos muy bien. Pero, si nos atenemos a su interpretación del resultado del Índice Mensual de la Actividad Industrial (IMAI) de México de junio pasado, va a empezar la fiesta de frases populistas que nos hablen del milagro mexicano de la recuperación.

Porque, si la creación de 15 mil empleos en una semana, tras la pérdida de millones de plazas laborales por la pandemia, llamó al presidente a declarar la recuperación en forma de “V” el resto del año, pues un aumento del IMAI en junio de 17.9 por ciento en comparación con mayo anterior, va a llevar al éxtasis a la 4T.

Para tener una correcta dimensión del tamaño de la caída económica y la velocidad de la recuperación hay que ser muy cuidadosos con la interpretación de los datos. Porque justo ahora se abre esa ventana de manipulación de las estadísticas para mentir sobre una recuperación milagrosa de México.

Lo que sí se puede ver con el IMAI de junio es que la actividad industrial ya habría tocado fondo en mayo pasado.

Como les ha ocurrido a otros indicadores, como la Inversión Fija Bruta, la actividad industrial tuvo una caída sostenida en su tendencia durante 21 meses consecutivos. Y por ello, este sector secundario se ha mantenido en el terreno de la recesión desde finales del 2018.

Así que a México llegó primero la recesión que la pandemia. Pero el tamaño del golpe a la economía como consecuencia de la COVID-19 y la política de la sana distancia frenaron abruptamente muchas actividades, notablemente al sector industrial.

En números, el derrumbe por el parón económico implicó caídas históricas de abril, de 29.9 por ciento, y mayo, de 30.7 por ciento, en comparaciones anuales.

Entonces, contra esos derrumbes brutales, lo que tuvimos en junio fue la gran, enorme, noticia de que se frenó la caída y que el sector industrial logró subir, desde ese enorme cráter el famoso 17.9 por ciento. Sin embargo, la industria en México está en niveles similares a los que tenía en 1998, para entender el tamaño del retroceso.

Pero cuando la comparación se hace contra el mes de junio del 2019, cuando el sector industrial ya estaba en recesión, lo que hay es un resultado negativo de 17.5 por ciento. Así que, lo que hay, es la evidencia de que ya tocamos piso en la industria.

No hay un solo subsector industrial que reporte el Inegi con algo cercano a la recuperación, a poder estar al menos igual que en el mal momento de junio del año pasado.

Con todo y el rebote de junio, hay historias de terror de caídas de 50 por ciento en las actividades textiles. El sector de fabricación de equipos de transporte, gran motor industrial de México, que ya reinició sus actividades desde junio pasado, la caída anualizada es de 27 por ciento.

La recesión es muy profunda, la caída fue brutal y la recuperación pinta para ser muy lenta. Por eso es muy importante no subestimar el tamaño del problema con un absurdo discurso triunfalista que tenga intensiones de una auto promoción de la popularidad política.

Por Enrique Campos Suárez