Pandemia por coronavirus (Cobertura especial)

Trump planea sabotear a Biden apoyando candidaturas de extremistas

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Gregorio MerazEE.UU.

Trump parece haber enriquecido, renovado e incorporado nuevos elementos a su “plataforma” con nociones sobre la supuesta superioridad racial

 

Si Ud. pensó que la humillante derrota de Donald Trump, en la histórica elección de 2020 devolvería la calma, permitiría la reunificación nacional y el trabajo bipartidista, para confrontar los más grandes desafíos de esta superpotencia, como ocurría al término de cada elección, tristemente, podría estar equivocado.

Aunque el presidente Joe Biden avanza rápidamente en la lucha para erradicar la pandemia de coronavirus, que cobró ya más de medio millón de vidas, pérdidas multimillonarias, desempleo y otros problemas, mediante la vacunación de casi 100 millones, de los 320 millones de habitantes de Estados Unidos; logró la aprobación del primer paquete de asistencia financiera a pequeñas y medianas industrias, escuelas, gobiernos estatales y millones de desempleados y otras medidas, el expresidente Donald Trump y sus incondicionales republicanos, preparan nuevos obstáculos.

Con un renovado discurso político, escrito por Stephen Miller, su principal asesor; un judío renegado, hijo de inmigrantes rusos y admirador de Joseph Goebbels y sus estrategias de propaganda nazi, Donald Trump tiene ya un control absoluto del Partido Republicano, que -aunque trataron- no pudieron desafiar ni los máximos líderes republicanos, Mitch McConnell y Kevin McCarthy.

Trump parece haber “enriquecido”, renovado e incorporado nuevos elementos a su “plataforma” con nociones sobre la supuesta “superioridad racial” o el argumento de que la inmigración “puede inflamar protestas con fines políticos”, con la intención de proyectarse como una “combativa mayoría blanca” que “debe defender su poder por todos los medios necesarios”, como podría interpretarse de las declaraciones del senador Ron Johnson, de Wisconsin, cuando trata de minimizar la violencia incitada por el expresidente, que produjo el asalto al Capitolio el 6 de enero.

En ese discurso se mezclan hábilmente temas que preocupan a parte de la mayoría blanca, como lo que denominan la “peligrosa invasión” de inmigrantes que -dicen- “podría propiciar el genocidio cultural” poniendo en riesgo “su herencia occidental, ante el multi-culturalismo” la teoría de “el gran reemplazo”, en el que los conceptos básicos de la defensa de la esclavitud, son “justificados” con una falsa conexión entre inmigración y criminalidad, de acuerdo a Simon Clark, experto en terrorismo doméstico, del Centro para el Progreso Americano.

Estudios revelan que la mayoría de “neo republicanos” manifiestan frecuentemente hostilidad hacia afroamericanos, inmigrantes, judíos, musulmanes y católicos, organizaciones de izquierda, feministas, gobiernos liberales y contra avances democráticos, como se ha visto en los candidatos republicanos Russell Walker, a la legislatura estatal de Carolina del Norte, quien niega el holocausto; el antisemita Paul Nehlen, de Wisconsin, quien buscó sustituir a Paul Ryan; Arthur Jones, de Illinois, afiliado al Partido Nazi Americano; el “confederado” Corey Stewart, de Virginia y muchos más, que ahora analiza Trump, para la elección de medio término de toda la Cámara Baja y un tercio del Senado, en 2022.

El mensaje de Trump explota el populismo económico, pero evita ser abiertamente antisemita, por el impacto negativo que tendría en multimillonarias contribuciones de campaña, de la comunidad judía.

Este discurso, que cualquier republicano negará en público, dio a Trump el control absoluto de la base popular de su partido y por ende, de todos los representantes republicanos en el Congreso, gobiernos y legislaturas estatales y locales.

Es decir, la influencia de Trump cambió las reglas del Partido Republicano.

Ahora, en lugar de la educación, experiencia, honestidad, confiabilidad, responsabilidad y respeto a la Constitución, todos los legisladores, gobernadores o alcaldes, deben rendir pleitesía al expresidente, para lograr que los endose públicamente y sean elegidos, ya que de lo contrario, Trump apoyaría a sus contendientes y estarían perdidos, como ha ocurrido.

Con esa fuerte influencia, aunque fracasó en el primer intento, tratando de bloquear la aprobación del programa de asistencia económica de Biden, a pesar de que todos sus seguidores, en bloque, votaron en contra, el expresidente prepara nuevos ataques.

Siguiendo sus órdenes desde Mar-a-Lago, -ahora infestado de COVID19, como dejó la Casa Blanca,- todos sus incondicionales legisladores republicanos, tratan de desprestigiar todas y cada una de las acciones del presidente Joe Biden, como la política energética, el manejo de la afluencia de miles de inmigrantes en la frontera con México, la vacunación, -que inclusive legisladores de ese partido han rechazado, igual que el uso de la mascarilla,- mantener el cierre de comercios, oficinas, cines, discotecas, bares o gimnasios, hasta que disminuyan los casos de coronavirus, o magnificar errores, distorsionar realidades y desinformar, con la ilusión de recuperar el control de alguna de las Cámaras del Congreso y bloquear la agenda de Biden.

Bajo esa orden, legisladores, gobernadores y procuradores estatales republicanos, atacaron una provisión del Plan Biden o (Plan de Rescate Americano) que prohíbe a los gobiernos estatales usar los fondos que les corresponden para convertirlos en recortes de impuestos, argumentando que “es una violación a la Constitución, porque interfiere en su decisión soberana para decidir y aplicar las políticas de impuestos que más les convenga”.

Bajo las órdenes de Trump, quien enfrenta más de 30 procesos e investigaciones criminales durante este año, ya como ciudadano común, sin la inmunidad presidencial, que tratará de evadir diciendo que “es parte de la cacería de brujas de que fue objeto”, se esperan muchas batallas más de los republicanos, con la intención de sabotear a la nueva administración.

Con la responsabilidad de apoyar e impulsar la agenda de Biden, Charles Schumer, presidente del Senado, analiza la posible reforma de las reglas de la Cámara Alta, eliminando el procedimiento denominado “filibustero”, que permite al partido minoritario exigir 60 votos para la aprobación de casi todas las iniciativas o evitar que se sometan a votación, mediante el bloqueo o demora en el debate, ofreciendo numerosas mociones, lo que -advirtieron los republicanos- equivaldría a una guerra abierta y bloqueo total de las acciones del actual presidente y mayoría demócrata, lo cual eventualmente, podría revertirse, si los republicanos recuperan la mayoría.

Parte de ese plan, es también la eventual aprobación de 250 iniciativas en legislaturas estatales, bajo control republicano, en más de 40 estados, que suprimirían o limitarían el voto de minorías étnicas, raciales y religiosas, intimidando y limitando el voto por ausencia, prohibiendo el voto por correo, exigiendo identificaciones, redistribuyendo distritos electorales a su favor y casillas de votación y todo cuanto pueda favorecerlos.

Tras participar en la Convención de CPAC, Trump ha hecho un par de apariciones sorpresivas en eventos de campaña, mientras prepara una larga lista de candidatos a congresistas, senadores y gobernadores “leales” hasta la muerte, como Sara Huckabee Sanders, su mentirosa y desprestigiada exvocera presidencial, a quien lanzó como candidata a gobernadora de Arkansas, confiado en que “nadie la rechazará” sin consecuencias.

La lista también incluye a “neo republicanos” que representan a extremistas de los grupos “nacionalistas” y “supremacistas” blancos, como los que participaron en el cobarde y traidor ataque al Capitolio.

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