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Lo que sigue, ahora que Estados Unidos ha iniciado el proceso formal de consultas para llevar a un panel de solución de controversias del T-MEC por el caso del maíz modificado genéticamente, es que el Presidente mexicano se envuelva, no en la bandera, pero sí en una tortilla y se lance a un pleito político en contra del gobierno estadounidense.

Ante la falta de argumentos, el régimen de Andrés Manuel López Obrador se irá por el lado de la confrontación, sobre todo ahora que se ha dado el banderazo de salida, no oficial, a la carrera presidencial tras las elecciones de ayer en el Estado de México y Coahuila.

Es hasta conveniente para el discurso del régimen ubicarse como víctimas del embate imperial y subir así una disputa comercial al ámbito electoral.

En Estados Unidos no es un asunto electoral, pero sí político, por la cantidad de granjeros que dependen de las exportaciones de maíz a México, así que Washington ya mostró una mecha más corta.

De las consultas informales a lo largo de este año, la representante comercial de la Casa Blanca, Katherine Tai, ya pasó al inicio formal de consultas en el marco del acuerdo comercial trilateral.

Y lo hizo con un mensaje contundente: “Estados Unidos ha expresado repetidamente su preocupación de que las políticas biotecnológicas de México no se basan en la ciencia y amenazan con interrumpir las exportaciones estadounidenses a México en detrimento de los productores agrícolas, lo que a su vez puede exacerbar los desafíos de seguridad alimentaria”.

Tai dice que las políticas biotecnológicas de México sofocan la innovación agrícola y eso va en contra de los agricultores estadounidenses que con la tecnología buscan responder a los desafíos climáticos existentes.

Del lado de México, los argumentos de defensa son los de aquella funcionaria que parece haber renunciado al método científico por las trabas dogmáticas y quien tiene como meta de vida terminar con la ciencia neoliberal.

A lo largo de muchos meses ha habido acercamientos para encontrar una solución a este tema, pero el gobierno de López Obrador no se ha movido de su postura. Lo más que ocurrió fue una suavización del decreto del 2020 que prohibía toda importación de maíz genéticamente modificado a partir de enero del próximo año.

Los cambios a esa política pública mexicana fueron insuficientes para Estados Unidos, que sostiene que no hay argumentos científicos para tal prohibición, incluido el uso del herbicida glifosato del que no hay estudios concluyentes sobre algún efecto nocivo.

Ha habido muchas discusiones en el mundo entre expertos y no expertos que van de las evidencias científicas a los dogmas anticapitalistas, pero en todo esto hay un hecho contundente.

Estados Unidos ya ganó una disputa similar, en el marco de las reglas de la Organización Mundial de Comercio, en contra de la Unión Europea que usó planteamientos similares para frenar importaciones de productos agropecuarios modificados genéticamente.

Estados Unidos ya decidió llevar esta disputa con México hasta sus últimas consecuencias, el gobierno de López Obrador está montado en su discurso ideológico y la factura la van a pagar las industrias que pierdan el eventual panel de solución de controversias.