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Las recientes elecciones municipales y autonómicas en España marcaron el fin del bipartidismo. El surgimiento de nuevos partidos fragmentó el voto y obligó a todos a negociar acuerdos para formar gobiernos. En las negociaciones el partido más votado no siempre fue incluido. El presidente Mariano Rajoy se ha referido a esos acuerdos como “pactos excéntricos y sectarios”.

Mientras que en 2011, 38 de las 50 principales ciudades en España estaban gobernadas por un solo partido, hoy la mayoría absoluta solo se alcanzó en dos de ellas. Sin esa mayoría, hay casos como el de Madrid, donde la candidata del PP ganó, pero quien gobierna es Ahora Madrid (que incluye a Podemos) con el apoyo del PSOE. Esta situación se repitió en Valencia, Sevilla y Zaragoza, donde el PP obtuvo más votos pero gobierna una coalición de izquierda.

En otras ciudades el partido ganador sí integró gobierno, pero en alianza con otros. Este es el caso de Barcelona en Comú (Podemos) que para formar gobierno necesitó del Partido de los Socialistas de Cataluña y otras fuerzas de izquierda. En Málaga y Murcia, el PP requirió del apoyo de Ciudadanos para gobernar.

La opinión de los españoles sobre los pactos de gobierno está marcada por sus simpatías partidistas. Los simpatizantes del PSOE y Podemos los aprueban; los del PP los rechazan.

Como en las elecciones, en los pactos de gobierno siempre hay ganadores y perdedores. En España el PP de Rajoy fue el gran perdedor, pues aun cuando en varias capitales sus concejales fueron los más votados, al no alcanzar una mayoría absoluta quedaron marginados de los gobiernos.

La creciente fragmentación del voto en México también dificulta el logro de mayorías. Por ello cada vez más los partidos forjan pactos y coaliciones electorales. Aunque es poco probable que se repita un acuerdo como el del Pacto por México, seguramente las alianzas electorales serán más frecuentes, incluso entre fuerzas ideológicamente distantes o históricamente enfrentadas. Aun el PAN, que ha sido el menos entusiasta con estas alianzas, ya reconoció, en voz de su presidente nacional, que en el futuro no puede ir solo a las elecciones.

Como en España, en México las alianzas políticas definirán gobiernos. Alianzas legítimas para unos, pero “excéntricas” y “sectarias” para otros.