Minuto a Minuto

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El indicador que más hemos seguido desde la noche del pasado martes, cuando se confirmaba el triunfo electoral de Donald Trump, ha sido la relación del peso frente al dólar.

Lo que nos cuesta un dólar a los mexicanos está inscrito como un termómetro del orgullo nacional, más allá del impacto que tiene en una minoría nacional que ve afectadas sus actividades comerciales y de consumo personal.

La paridad del peso frente al dólar en el esquema actual de libre flotación ha demostrado durante los dos últimos años su bondad.

Y aunque justamente por ese carácter nacionalista que tiene la paridad nos rasgamos las vestiduras con la depreciación cambiaria, la inflación general de este país no se parece en nada al movimiento cambiario.

El punto es que en estos momentos de enorme incertidumbre derivada de la victoria del candidato republicano en Estados Unidos, la relación peso-dólar es apenas uno de los múltiples problemas financieros que enfrentan los mercados mexicanos.

De entrada, hay que saber que hay afectaciones globales en monedas, mercados bursátiles y mercados de deuda. Aunque es evidente que el impacto mayor lo ha sufrido el peso mexicano. Pero hay un mercado seriamente afectado desde el momento mismo en que ganó Trump. El mercado de los bonos de los Estados Unidos no sólo se ha presionado, sino que también marca un cambio en la tendencia.

Las tasas de interés en Estados Unidos van al alza y con ellas en el resto del mundo. En Europa no han pasado tantos meses desde que los bonos pagaban tasas negativas, escalan a gran velocidad.

Y en México, el mercado de deuda tiene que pagar lo que rinden los bonos de Estados Unidos más un premio adicional presionado por el creciente riesgo país derivado de lo mismo: Donald Trump.

Nos espanta ver el dólar en 22 pesos, pero lo que viene esta semana podrá ser menos sentido por el grueso de la población pero será de un impacto económico brutal. Esta semana, el Banco de México (Banxico) tiene que subir sus tasas de interés y tiene que hacerlo más allá de lo visto hasta ahora.

El primer indicador de lo que ocurre se dio con la muy acertada decisión de la Secretaría de Hacienda de cambiar los montos a subastar de sus bonos de corto y largo plazo para privilegiar la liquidez.

Si no se ve forzado el Banco de México a adelantar su reunión de política monetaria a las próximas horas, el jueves a las 13 horas tendremos noticias de un aumento sustancial en las tasas de interés.

El nuevo premio del dinero mexicano tiene que ser suficiente para frenar la corrida en contra del peso, pero tampoco tan alto como para frenar más el desempeño económico, que necesariamente tendrá que sufrir una corrección en sus previsiones.

Mientras más rápido entendamos que esto no es sólo cuestión del tipo de cambio, nos dejemos de obsesionar con la paridad del peso frente al dólar, y veamos que nos cambió la suerte, será más fácil adaptarse a la nueva realidad de los tiempos difíciles de la era Trump.

La otra es que un rayo milagroso de luz descienda sobre el despeinado pelo naranja del presidente de los Estados Unidos y recapacite en el alcance de las locuras prometidas y auténticamente modere su discurso.

Sinceramente, veo más fácil que el Banxico nos recete un aumento de 200 puntos base en la tasa interbancaria este jueves.