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El día que el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, dispense el mismo trato a hombres y mujeres, al primero que le va a llamar corazoncito será a Enrique Peña Nieto.

Y cómo no, si el gobierno saliente ha decidido hacer mucho del trabajo sucio necesario para dejar pavimentado el camino al siguiente gobierno y así no se desgaste con temas complejos.

En ésta, que parece la más tersa transición sexenal en los tiempos democráticos recientes, hay espacio suficiente para que el gobierno que se va recule en la decisión que tomó al inicio de la administración de desaparecer la Secretaría de Seguridad Pública y la vuelva a proponer al Congreso, porque así lo requiere el gobierno entrante.

Las crisis sexenales que padeció este país durante la segunda mitad del siglo pasado tenían mucho que ver con la corrección de los peores vicios financieros de una administración, hechos justo después de las elecciones y en un afán de no heredar el problema al siguiente gobierno.

Así funcionó hasta 1994 cuando Carlos Salinas de Gortari dejó las finanzas nacionales prendidas de alfileres y los inexpertos funcionarios del gobierno de Ernesto Zedillo se los quitaron de forma abrupta. De la crisis que derivó, todos nos acordamos.

Hoy, afortunadamente no se ve una economía en la antesala de una crisis, pero hay algo de trabajo sucio que hacer antes de que tome el poder el siguiente presidente.

Por ejemplo, el gobierno de Enrique Peña Nieto decidió corregir el retraso tarifario de Caminos y Puentes Federales y recetó el viernes pasado incrementos en los peajes de hasta 17% que evidentemente superan por mucho el nivel inflacionario.

Esto es hacer el trabajo sucio del siguiente gobierno que ha prometido que no subirá impuestos y tarifas más allá de la inflación. A López Obrador le encanta decir que no subirán en términos reales.

Este incremento corre en contra de los intereses del Banco de México (Banxico) que está luchando con una inflación muy alta, cada vez más lejana de su meta eterna de 3 por ciento. Desde la óptica de la autoridad monetaria, un incremento en estos niveles porcentuales, que se recetó al peaje de las autopistas, rebasa la lógica de la estabilidad de precios.

Nada menos supimos el viernes que la inflación anualizada está en 4.90% debido a los aumentos que han tenido los productos de precios volátiles como los agropecuarios y energéticos.

Pero con este incremento en el peaje, el gobierno de López Obrador tendrá margen para mantener los incrementos en línea con la inflación y así cumplir sus promesas. Gracias, corazoncito, se escuchó el susurro desde la casa de transición hasta Los Pinos.

Lo que sigue es estar al pendiente de las correcciones que puedan seguir aplicando los que se van para dejarle la alfombra roja impoluta al próximo presidente.

No le quedan muchos precios controlados al gobierno federal, pero con los que tiene puede provocar burbujas inflacionarias que alerten a la autoridad monetaria.

Con una inflación prácticamente de vuelta en 5% anual y con estos aumentos desmedidos aplicados, no hay que dudar de que el Banco de México tomará medidas de contención. No le gustará al gobierno entrante que el Banxico recete más aumentos en la tasa de interés, pero ese instituto no está para quedar bien con nadie. Aunque nunca se ganen el mote de corazoncito.