Minuto a Minuto

Nacional Trasladan a Puente Grande a detenidos en manifestación por agua contaminada
Siete detenidos en la manifestación por el agua contaminada en Guadalajara fueron trasladados a Puente Grande, acusados de dos delitos
Deportes Surfista mexicano Alan Cleland es señalado por presunto abuso sexual
El surfista mexicano Alan Cleland ocupaba el puesto 24 del ranking mundial y brilló en los Juegos Olímpicos de París 2024
Internacional Six Flags cierra 10 montañas rusas en EE.UU. y Canadá tras la muerte de visitante
Six Flags informó el cierre indefinido de 10 montañas rusas en sus parques de EE.UU. y Canadá tras la muerte de un visitante
Entretenimiento Confirman la causa de la muerte de RJ Mitte, estrella de la serie ‘Breaking Bad’
Medios de Estados Unidos confirmaron la causa de la muerte de RJ Mitte, estrella de la popular serie 'Breaking Bad'
Nacional BMA externa preocupación por vacantes de notarías en CDMX
La BMA subrayó que es indispensable que las vacantes de notarías en la CDMX se cubran para brindar certeza en los actos y decisiones

La prensa internacional ha presentado las elecciones mexicanas del domingo 1 de julio como la respuesta mexicana a Trump: la elección de un presidente fuerte en México contra un presidente desafiante en Estados Unidos.

Debo decir que no hay ningún indicio significativo de que esta haya sido la lógica de los votantes mexicanos. El de México fue un voto de hartazgo interno, vinculado apenas en la conciencia de los votantes con los retos de la vecindad o de la política internacional del país.

México ha satisfecho el domingo sus inmensas ganas de creer en algo. Ese algo es tan grande que difícilmente podrá volverse realidad. Pero los tiempos de México no son los de la realidad sino los de la esperanza.

El mandato recibido por López Obrador le dará sin duda una legitimidad, que el actual gobierno no tiene, para hablar a nombre de México. Eso fortalece su voz, pero no dice nada preciso respecto de las coordenadas sustantivas de la relación entre ambos presidentes.

Para empezar, no cambia a Trump, que es, en su impertinencia y su imprevisibilidad, la variable definitoria de la relación, quizá no entre los dos países, pero sí entre los dos gobiernos.

La prensa tomará siempre como primera instancia informativa los detalles de la conversación entre los presidentes, como ya ha tomado el tema de sus similitudes de estilo y tono, su lenguaje intenso, su populismo idiosincrático y su disposición a los duelos verbales.

El hecho político es que las relaciones con Estados Unidos, incluso en esta época de alta tensión, no han sido un factor significativo de la elección del domingo pasado.

Quizá los votantes están ciegos y no leen bien la realidad que los circunda y que los condicionará. Pero han votado, creo, con independencia del factor externo, sin medir los riesgos o las ventajas internacionales de su voto, sin mirar a Trump como amenaza ni a López Obrador como escudo nacionalista.

Las simpatías y diferencias de los estilos de los presidentes serán importantes, incluso decisivas, en la relación bilateral, pero no pueden alterar su curso.

Trump y López Obrador pueden ser presidentes cercanos o distantes, pero México y Estados Unidos son países condenados a la vecindad, al conflicto y a la integración. Es decir: a la vecindad y al conflicto, por la integración.