Pandemia por coronavirus (Cobertura especial)

Trump pagó sus errores con una contundente derrota que no reconoce

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Gregorio MerazEE.UU.

El presidente Trump pagó. con una aplastante derrota electoral que se niega a aceptar, el capítulo negro que escribió en la historia de Estados Unidos

No hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague y el presidente Donald Trump pagó, con una aplastante y humillante derrota electoral que se niega a aceptar, el capítulo negro que escribió en la historia de Estados Unidos, durante los últimos 4 años.

Tras un tenso conteo de 4 días, el sábado a las 11:26 de la mañana Joseph Robinette Biden Jr. y su compañera de fórmula, la senadora por California Kamala Harris, reclamaron la Casa Blanca, tras adjudicarse 279 votos electorales, 20 de Pensilvania -que ningún demócrata había ganado en los últimos 30 años- y 6 de Nevada, rebasando los 270 necesarios.

A pesar de la pandemia que crece a razón de 126 mil infecciones por día, Biden obtuvo 74 millones 34 mil 344 votos 50.4% la mayor votación en la historia, para presidente, contra 70 millones 276 mil 397 de Trump, el 47.8%.

La elección de Biden-Harris representa el triunfo de la verdad sobre la mentira, sobre la deshonestidad, el respeto a la Constitución, leyes y personas que Trump pisoteó en 4 años, dando un terrible ejemplo a nuevas generaciones que ahora ven las consecuencias.

Esta victoria devuelve la tranquilidad a las minorías étnicas, religiosas, a los dreamers; es una reivindicación para quienes sufren de discriminación y racismo que se disparó bajo Trump.

Devolvió confianza a más de 70 millones de personas jubiladas que temían perder beneficios de Medicare y del Seguro Social, que Trump planeaba usar para reducir el déficit de 8 trillones de dólares que malgastó en el muro fronterizo, con la declaración de una emergencia falsa, en recortes de impuestos innecesarios para grandes empresas y contratos excesivos a sus hoteles.

Presa de la intranquilidad, frustración, angustia y tensión, Trump trató de crear confusión, cuando -sin resultados ni evidencia- se declaró “vencedor” la noche del jueves en un criticado mensaje, que evidenció la profunda división del partido Republicano que le sugirió no hablar sin presentar evidencia clara y contundente, considerando el impacto que eso puede tener en sus seguidores.

Por esa razón, amenaza romper la tradición democrática de una pacífica transferencia del poder, como ha ocurrido durante los 244 años de vida de esta democracia.

Es sabido que a instancias del presidente del Comité Estatal Republicano de Pensilvania, Trump y sus abogados podrían tratar de hacer la nominación directa de integrantes del Colegio Electoral, valiéndose del control Republicano en más de 20 Legislaturas y gubernaturas de 26 estados, lo que se interpretaría como un “golpe de estado técnico” por ignorar el voto popular, que no le favoreció.

Entre el grupo que lo alienta a luchar, están sus hijos, quienes comparándose con los Kennedy, que están muy lejos de ser por cierto, soñaban con sucederlo, por sus fanáticos incondicionales y por un grupo radical encabezado por Stephen Bannon, a quien Trump despidió como director de estrategia de la Casa Blanca.

Bannon amargado por la aplastante derrota de Trump sugirió en una entrevista de televisión, sacada del aire inmediatamente, que se decapitara y exhibieran las cabezas fuera de la Casa Blanca, del Dr. Anthony Fauci, director del Centro Nacional de Enfermedades infecciosas y el más destacado científico, veterano en la lucha contra las pandemias, por advertir del peligro del coronavirus y de Christopher Wray, director del Buró Federal de Investigaciones, FBI, por alertar sobre el peligro de terrorismo doméstico por parte de los grupos supremacistas y nacionalistas blancos armados.

Bajo la gestión del director Wray, el FBI se mantiene vigilante en torno a posibles acciones de las milicias, mientras el servicio secreto incrementó la seguridad en torno a Biden, ahora presidente electo, en espera de su certificación.

El resultado de esta reñida y tensa elección presidencial que convierte a Biden en el presidente 46 de esta superpotencia y a Kamala Harris en la primera mujer, primera persona de color y primera asiática-americana que llega a la vicepresidencia, se esparció como luces multicolores de fuegos artificiales en ciudades de costa a costa y frontera a frontera de esta nación, haciendo estallar manifestaciones espontáneas de júbilo y alegría de gente de todas las razas, edades o credos, para celebrar la llegada de una renovada esperanza, luego de 4 años de cotidianas mentiras, ataques, insultos, vulgaridades, escándalos y abusos, que caracterizaron la gestión de Donald Trump.

En contraste, pequeños grupos de simpatizantes de Trump salieron a las calles en pocas ciudades, haciéndose eco de infundadas denuncias, sin evidencia alguna del supuesto “fraude electoral”.

Confinado a la Casa Blanca, a donde la gente continúa acudiendo a manifestarse, Trump insiste en su cuenta de Twitter bajo múltiples advertencias y censura de Twitter por información falsa, que “ganó esta elección por mucho”.

Trump teme que tan pronto deje la Oficina Oval, tendría que comparecer ante tribunales federales para responder por delitos de evasión de impuestos, fraude al fisco, pagar más de 900 millones de una deuda por vencerse, además de investigaciones de acoso y asalto sexual de 16 mujeres, que sin la presidencia, no podría evitar.

El presidente se aferra a asegurar que “decenas de miles de votos recibidos después de las 20:00 h del día de la elección son ilegales” porque “cambiaron la tendencia que lo favorecía” en Pensilvania y en otros estados en que la diferencia fue mínima, dijo el mandatario en un mensaje de su cuenta de Twitter plagado de advertencias sobre el “contenido de información falsa sobre la elección”.

La Casa Blanca -de la que el presidente Trump alejó su rabia, frustración y coraje el sábado, para tratar de disiparla jugando golf en una de sus propiedades de Virginia-, ha sido rodeada por millares de personas que celebran la derrota del mandatario y le reiteran su rechazo a sus políticas de división y odio en consignas, que ha escuchado durante buena parte de la noche.

El pueblo estadounidense y el mundo percibieron de inmediato el cambio de actitudes entre los presidentes saliente y entrante, la de conciliación y unidad del mandatario electo Biden, en contraste con la de división y confrontación de Trump.

En su primer mensaje en horario estelar, Biden destacó que “para progresar, es preciso ya no tratar a los oponentes como enemigos, dejar atrás la retórica y poner fin a la satanización” y aclaró solo que “la tendencia lo favorecía”, sin adjudicarse el triunfo, sin hacer mención de la intransigencia de Trump y su rechazo a aceptar la derrota que lo dejó con solo 214 votos, luego que perdió estados que lo apoyaron en 2016.

También la diferencia entre Kamala Harris, ex-procuradora de Justicia de California y un vicepresidente Mike Pence, quien no puede iniciar una intervención sin hacer reverencias a Trump.

“Quizá sea la primera mujer que ocupe esta oficina” dijo Kamala Harris antes de presentar al presidente electo Biden, a quien describió como la persona que sanará a este país: “pero no seré la última, porque cada niña, viéndonos esta noche, sabe que el suyo, es un país que ofrece estas posibilidades”.

Como era de esperarse, Joe Biden comenzó a centrar su atención en el combate contra el coronavirus, algo en lo que Trump claudicó, convocando a los mejores científicos que seguramente comenzarán a trabajar bajo la coordinación del Dr. Anthony Fauci, veterano del combate contra SARS, Fiebre Aviar, N1H1, Ébola y otras pandemias que se superaron exitosamente.

Biden también analiza ya las órdenes ejecutivas firmadas por el presidente Trump que dejaron sin validez acciones de política exterior, implementadas por el expresidente Barack Obama como el retorno de Estados Unidos al Acuerdo de París para mitigar los efectos del cambio climático, regreso a la Organización Mundial de la Salud, para luchar del brazo de las naciones más avanzadas en la batalla contra Covid-19, eliminar la prohibición de viaje de naciones con mayoría musulmana a Estados Unidos, y dejar sin efecto las acciones contra los Dreamers y otras acciones urgentes.

La próxima semana, mientras los abogados de su comité de campaña tratarán de exigir el recuento de votos o la anulación de elecciones en algunos estados, Trump organiza “rallies” en diversos puntos del país con simpatizantes, en los que aparentemente trata de encender los ánimos, en busca de más acciones y movilizaciones para “defender” el triunfo que solo él y sus fanáticos consideran que obtuvo, llevando casos hasta la Suprema Corte de Justicia, donde espera que sus nominados, por “lealtad” le den la razón.

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