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Me puse a ver The Irishman, la extraordinaria película de Martin Scorsese, y llegué a la mitad envuelto en un raro malestar, una incomodidad difusa pero intensa frente a la ejecución extraordinaria de lo que veía: un director genial, una asamblea única de actores, al servicio de la historia de un personaje siniestro, un matón, un guardaespaldas, un traidor. Y menos que eso, porque la palabra traidor incluye en algún lugar la noción de haber sido fiel a algo.

Tardé en entender que mi molestia se debía precisamente a lo que digo arriba: todo ese talento, toda esa innovación, todo ese dinero, todo ese prestigio puesto al servicio del retrato de un personaje siniestro y de un mundo deleznable.

Será la fatiga mexicana de tantos matones vueltos protagonistas de tantos libros y de tantas series que nos familiarizan con sus barbaridades, que en algún sentido nos reconcilian con ellas, o tratan de mostrarnos su lado humano, a saber, que en medio de la sanguaza que les chorrea por los codos, estos matones quieren a sus hijos, protegen a sus familias, y en el fondo son menos hipócritas y hasta menos malos que sus protectores políticos, al punto de que, en algún momento, resultan ser más víctimas que verdugos de su sociedad, etcétera.

Hay mucho de esto en el fin de Scorsese: un intento de ver por dentro el mundo brutal de un asesino puro y duro que termina, en un juego fatal de cartas cruzadas, matando a lo único parecido a un amigo que ha cruzado por su vida, nada menos que el legendario y también gansteril líder de los transportistas estadunidenses, Jimmy Hoffa, desaparecido un buen día de los años 70, y hasta el día de hoy, por sus eficientes asesinos.

En una conversación de los actores con el director, que se ofrece como delicioso complemento del film, Scorsese dice que, por fin, en esta película, luego de tantos intentos de entrar a ese mundo, pudo él, y pudieron los actores, hablar de una historia real, que revela a su vez el hasta ahora invencible misterio de la muerte de Hoffa.

No. Ni eso, como trataré de explicar mañana.