ALuis Cresencio Sandoval, secretario de la Defensa Nacional, no se le puede reprochar su acendrada vocación y meritoria carrera militar ni su institucional subordinación al comandante supremo de las fuerzas armadas, Andrés Manuel López Obrador.

Sin embargo, por más que sea subalterno del Presidente, nada lo faculta para que le brinde apoyo irrestricto, pues carga con una insuperable restricción: la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos lo obliga a comportarse ajeno por completo a la política (veleidosa y siempre coyuntural).

Esa condición explica que no se pueda hablar de un Ejército priista ni siquiera cuando fue usado para reprimir movimientos sindicales, sociales y estudiantiles en los gobiernos de Adolfo López Mateos, Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría Álvarez, como tampoco de un Ejército panista con Vicente Fox y Felipe Calderón.

Por suerte para la población y la democracia, el Ejército, por definición, por si acaso y por supuesto, debe ser apolítico. Sorprende por lo mismo que hoy se hable de un Ejército morenista.

Eso se debe a dos declaraciones del general Sandoval, el 20 de noviembre del año pasado y el reciente 13 de septiembre: Dijo en el 111 aniversario de la Revolución: “Las fuerzas armadas y la Guardia Nacional vemos en la transformación que vive nuestro país el mismo propósito de las tres primeras transformaciones, el bien de la patria. Se enfoca en desterrar la corrupción, procurar el bienestar del pueblo, el progreso con justicia, la igualdad, el crecimiento económico, educación, salud y seguridad entre otros rubros.

Como mexicanos, es necesario estar unidos en el proyecto…”. Solo le faltó decir la frase cuarta transformación, pero enfatizó: “Es un orgullo poder contribuir a la transformación que se está viviendo”, porque “las bases están sentadas y se avanza con paso firme en el proyecto de nación” que AMLO ha impulsado. Y dirigiéndose a su jefe máximo, espetó: “Sus convicciones son una valiosa guía en las acciones que se realizan para tener un país más libre, democrático y justo…”.

En política reincidió antier, durante el homenaje a los Niños Héroes: “Quienes integramos las instituciones tenemos el compromiso de velar por la unión nacional y debemos discernir de aquellos que, con comentarios tendenciosos generados por sus intereses y ambiciones personales, antes que los intereses nacionales, pretender apartar a las fuerzas armadas de la confianza y respeto que deposita la ciudadanía en las mujeres y hombres que tienen la delicada tarea de servir a su país”.

Entre sus aludidos están quienes critican la inconstitucional militarización de la seguridad pública, incluidos los integrantes de los poderes Legislativo y Judicial (a quienes nadie puede reconvenir). Hace un mes recordé aquí que AMLO, por desconfiar de la probidad de las dependencias civiles que encabeza, confió al Ejército los negocios aeroportuarios y del Tren Maya. En congruencia, el tapado lógico para sucederlo es el general (y político) Luis Cresencio Sandoval…