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Hay que anotarle a la Secretaría de Hacienda una palomita por no caer en la tentación de bajar artificialmente el precio de las gasolinas durante los días previos a las elecciones.

Claro, que si desde la oficina principal del mismo Palacio donde despacha el secretario Arturo Herrera le hubieran ordenado aumentar el estímulo fiscal a las gasolinas, no habría tenido más remedio que acatar la orden.

El mérito de dejar en paz ese mercado está en quien ejerce el monopolio de la comunicación oficial y su habilidad para fijar la agenda de distracciones en la discusión nacional.

No es que finalmente los ciudadanos entendieron que los precios de las gasolinas están sujetos a la oferta y demanda internacional y que eso es lo mejor que le puede suceder a la economía. Tampoco es producto de que se haya borrado de la memoria colectiva que había una promesa presidencial de bajar los precios de las gasolinas y que hoy están a 21 pesos la Magna y 23 pesos la Premium.

Es simplemente que las cortinas de humo que se tienden cada mañana provocan que magistralmente se olviden ese tipo de asuntos incómodos.

Sin embargo, el hecho de que el actual precio de las gasolinas no sea un tema de discusión en la opinión pública, permitió que la Secretaría de Hacienda redujera el estímulo fiscal que aplica a estos combustibles.

Así, en la semana previa a las elecciones la tasa del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) subió en las gasolinas Manga, Premium y en el Diesel. Los tres tipos de combustibles que mueven la mayoría del transporte público y privado son más caros esta semana que la pasada, así sea por unos cuantos centavitos.

Se ha compensado el precio por la estabilidad del peso frente al dólar, pero hay presiones en los precios del petróleo.

De hecho, esta semana el aumento en los precios de los diferentes referentes petroleros del mundo se han presionado porque crece la demanda con la recuperación en esta fase de salida de la pandemia, al tiempo que los principales productores petroleros del mundo se dan un tiempo más antes de incrementar la oferta de hidrocarburos.

Así que, si estas presiones se traspasan durante los próximos días a los precios internacionales de la gasolina y con ello a los precios de estos combustibles en el mercado mexicano, no habría razón para que Hacienda decidiera sacrificar ingresos para propiciar precios más bajos a los de mercado.

Siempre vale la pena apuntar que no se trata propiamente de un subsidio, como solían hacerlo gobiernos anteriores, que destinaban enormes cantidades de recursos para mantener de manera artificial un precio controlado.

Se trata de un sacrificio fiscal, cobrar menos de un impuesto, en este caso el IEPS, para modular los incrementos.

También que quede claro, ese impuesto especial que se cobra en México a las gasolinas hace que estos combustibles sean mucho más caros que lo que pagan los consumidores en Estados Unidos, pero también en Guatemala, en la frontera sur.

Así que, a principios de junio, suben las gasolinas, que no bajaron de precio, pero ¡a quién le importa!