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Ni para dónde hacerse. El pasado viernes las comisiones de Energía, Presupuesto y Cuenta Pública de la Cámara de Diputados aprobaron el primer dictamen para reformar la Ley de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria, así como la Ley General de Deuda Pública mediante la cual el gobierno federal (léase las ciudadanas y los ciudadanos que lo mantenemos) asumirá como deuda pública el pasivo laboral de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y de Petróleos Mexicanos (Pemex).

El dictamen se aprobó por 43 votos a favor y 17 votos en contra. ¿A quién o a cuántos de sus supuestos representados le pidieron su opinión para votar por la aprobación de una medida tan trascendental para la vida económica de los mexicanos los 43 repretransantes populares que dijeron yes? ¿Para eso la ciudadanía de sus respectivos distritos votaron por ellos? ¡Qué poca madre!

El PRI, el PAN y el Verde oportunista aprobaron y defendieron la propuesta para que el gobierno federal asuma como deuda pública una proporción del pasivo laboral de las dos paraestatales que ahora serán paraprivados. La parte del pasivo laboral de Pemex que el gobierno federal absorberá como deuda pública asciende a un billón 153 mil millones 301 pesos hasta el primer semestre del 2014. También captará los pasivos de CFE calculados en 500 millones de pesos. Ambas cantidades suman 1.6 billones de pesos, cantidad que a nosotros los mortales nos abisma.

Imagínese usted: 1.6 billones de pesos son 16,000 millones de billetes de 100. Si consideramos que cada billete de 100 pesos mide 13.4 centímetros de largo, 16,000 millones de billetes de 100 acomodados uno tras otro alcanzarían para ir y volver a la Luna 55.77 veces. Los mismos billetes de 100 alineados sobre el ecuador de nuestro planeta bastarían para darle la vuelta 682 veces y todavía sobrarían billetes para hacer una fila del Polo Norte a la Patagonia y con el excedente se podría, por las carreteras de cuota en nuestro territorio y por los free ways de Estados Unidos, hacer una línea que fuera de la capital de México a Falfurrias, Texas. (El lector dirá “qué hueva ir a Falfurrias”, pero con el pasivo laboral que se acumule esta semana los billetes alcanzarán para llegar a Houston, donde hay buenos malls).

PEMEXPROA

El tema suscitó un debate entre quienes consideran como una propuesta razonable el llamado rescate petrolero –como también abarca a la CFE lo llamaré rescate energético- y quienes lo consideran como un nuevo robo a la nación.

El rescate energético recordó al bancario (Fobaproa), por lo que se le comenzó a llamar Pemexproa. A nuestro director, Luis Miguel González, esta palabra, escribió ayer, le parece horrible. También alguien propuso CFEproa, conjunto de acrónimos que suenan a medicina: “Se toma un cefeproa todos los días al desayunar y verá que llega usted a la edad a la que llegó La Güera Rodríguez Alcaine”.

Le propongo a Luis Miguel y a los lectores –no necesariamente en ese orden- usar el término Fobapemex, más que nada porque admite la aliteración Robapemex. Tampoco diría, como muchos han dicho, que el rescate energético es un atraco al bolsillo de los contribuyentes, diría que se trata de una “ocupación temporal” de nuestras bolsas

Escribió el director de El Economista en su interesante análisis: “La propuesta de convertir en deuda pública los pasivos laborales de Pemex y CFE nos lleva a un territorio similar (al del Fobaproa). No hacerlo, pondrá a estas dos empresas en una condición de extrema debilidad. Quizá quebrarían, con seguridad estarían incapacitadas para competir para defender su patrimonio (que es de todos los mexicanos)”.

En opinión del coordinador del PRI en San Lázaro, Manlio Fabio Beltrones: “Dejar con el pasivo laboral a Pemex sería como amarrarle un brazo atrás y llevarlo a una pelea de box en desventaja”. Por eso no queda más remedio –digo yo– que amarrarle los dos brazos al ciudadano y darle una megamadriza marca “Llorarás” entre los legisladores del PRI, del PAN y del Verde.

El pasivo laboral de ambas empresas, propiedad de todos los mexicanos a la hora de salvarlas de la quiebra, pero que en la realidad han pertenecido, desde su fundación, a sus directores y a los amigos de éstos, a sus funcionarios, a sus aviadores, a sus empleados consentidos –se jubilan a los 25 años de trabajar con duplicidad de funciones o 55 de edad- y a sus corruptos y sempiternos líderes sindicales que no tienen que rendir cuentas a nadie de las cuotas de los trabajadores ni del dinero y prebendas que reciben de la empresa, por eso viven a todo lujo y de manera ostentosa ellos, sus familias y mascotas.

Como expresó mi director: “No queremos que quiebren Pemex y CFE, tampoco estamos obligados a tragarnos los frutos de la corrupción”. Dando y dando. Hay un pez gordo sindical que tan sólo el reloj con el que mide el tiempo que le queda libre vale entre 40 mil y 200 mil dólares.

Sobre el encabezado del multicitado análisis de Luis Miguel González, publicado ayer, que es una analogía sobre el tema: “Pemexproa: elegir entre el cáncer y el Sida”; elijo el cáncer. El Sida no, porque ya nos la metieron a todos.