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Todos los movimientos sociales y políticos exitosos han tenido como base de su ascenso una agenda clara: lo que defienden y lo que promueven.

Porque ¿de qué sirve un gran liderazgo sin un proyecto claro? ¿Qué importa si se tiene buena comunicación, pero no hay propósitos qué comunicar? ¿Cómo convencer a las personas para unirse a causas inexistentes?

En este sentido, para quienes somos oposición al actual gobierno el problema no es ser minoría; los números se recuperan. La verdadera tarea pendiente está en las ideas: articular una agenda programática que contraste y compita como alternativa al régimen.

Como lo veo, esta agenda debe basarse en el conocimiento y la técnica, pero debe tener también un profundo componente social: desarrollo incluyente, liberalismo económico con justicia, combate frontal al crimen, atendiendo a su vez sus causas estructurales, entre otros temas que ya habrá oportunidad de profundizar.

Esa agenda de propuestas es un objetivo de mediano plazo, que cada fuerza política deberá ir articulando a partir de sus propios postulados.

Pero antes que eso, en lo inmediato, hay otra agenda que debemos construir todos quienes somos oposición: partidos, sociedad civil, intelectuales y liderazgos sociales.

Esta agenda prioritaria es defensiva, pues consiste en proteger los pilares del sistema democrático que hoy está bajo amenaza. Se trata de temas en los que todas las oposiciones podemos coincidir: izquierdas, socialdemócratas, libertarios, liberales. Desde mi punto de vista, estos mínimos indispensables consisten en defender principalmente:

1. Las libertades esenciales, particularmente de expresión y económica, así como el laicismo y la prensa crítica.

2. La legitimidad y el derecho para que la sociedad civil organizada participe en lo público (que por supuesto no es monopolio del gobierno).

3. El valor de la ciencia y el conocimiento. La importancia de especialistas y técnicos que aporten a las decisiones de política pública por encima de dogmas ideológicos.

4. La transparencia y los datos abiertos del gobierno (y la autonomía de las instituciones que los generan), sobre seguridad, pobreza, economía, entre otros.

5. El federalismo como forma irrenunciable del pacto social.

6. La autonomía e integración ciudadana de los órganos electorales.

7. La independencia de la Suprema Corte.

8. La autonomía de el Banco de México.

Esta puede ser la base de agenda común, que genere consensos y unifique a todas las oposiciones.

Porque antes que pensar en ser alternativa, hay que trabajar siendo resistencia. Antes que las propuestas particulares, está la defensa colectiva del régimen democrático. Si las oposiciones no logramos coincidir en postulados como estos, sinceramente, no vamos a poder coincidir en nada.

Este es el reto de nuestro tiempo: estar a la altura, con visión de Estado, para antes que una batalla electoral, dar una batalla en el campo de las ideas contra el autoritarismo en ciernes.

@GUILLERMOLERDO