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Sector eléctrico: ¿De verdad es el nacionalismo contra los depredadores?

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Luis Miguel GonzálezCaja Fuerte

Estamos en una guerra de narrativas y es imposible ser neutral

La narrativa conduce la realidad, en lugar de que sea al revés, dice Robert Shiller, premio Nobel de Economía y autor de un excelente libro sobre el tema llamado Narrativas Económicas. Quien controla el relato tiene una especie de superpoder: define de qué cosas hablar y cuáles se deben callar o mencionar poco. Tenemos en la mesa la discusión sobre la industria eléctrica, llevada a otro nivel por la presentación de una iniciativa de contrarreforma energética que ha llegado al Congreso. Esta no se produce en el vacío, porque estamos en una sociedad polarizada. Estamos frente a una guerra donde las narrativas son una de las armas más poderosas. Dije guerra y vale recordar que la primera víctima en una guerra es la verdad, según la famosa frase del Barón Arthur de Ponsomby.

Es nacionalismo contra abuso de los extranjeros, según la 4T. La oportunidad impostergable de recuperar la rectoría del Estado en el sector eléctrico, a través de la restauración de ventajas monopólicas para la CFE. De los argumentos en contra, el principal es que la 4T no tiene un plan creíble de modernización del sector eléctrico. En vez de ese plan, lo que tenemos son ocurrencias que pueden costar muy caras: una confrontación con nuestros principales socios comerciales en el contexto del T-MEC y el mantenimiento o restauración de un sistema obsoleto de producción de energía eléctrica. Este sistema supone niveles muy altos de contaminación y daños a la salud. Baste recordar que el combustóleo es cancerígeno. Se utiliza en nueve plantas que la CFE insiste en mantener en operación.

Estamos en una guerra de narrativas y es imposible ser neutral. No importa tanto cómo ocurrieron las cosas, sino cómo son asimiladas por cada uno en lo particular y por las audiencias, en lo social. La Compañía de Luz y Fuerza del Centro era una de las peores empresas eléctricas del mundo, por pérdidas económicas, número de apagones y baja productividad por empleado. En la narrativa más radical de la 4T, su cierre fue un atropello del neoliberalismo. No hay espacio en su argumento para hablar de inviabilidad, captura de la empresa por el sindicato y corrupción cristalizada en un abusivo contrato colectivo. ¿Qué ocurrió con Luz y Fuerza y por qué la 4T rescata a su líder sindical, Martín Esparza? “La narrativa y el mensaje cala más que los datos”, dice Shiller. Él es economista y dotado para el manejo de los números y las estadísticas. Por eso vale tanto su advertencia.

No soy neutral y me preocupa que se imponga una narrativa que enfatiza que no hay problema con tener un monopolio virtual, si este pertenece al Estado. Me desconcierta que no haya nadie en la 4T que acepte que hay un problema serio con el retraso de la transición energética a la mexicana. El problema no es el Acuerdo de París, sino el daño a la naturaleza y a la salud de cientos de miles de mexicanos. A veces me río y otras me enojo cuando escucho a la Secretaria de Energía desacreditar las energías renovables, una y otra vez. Se refiere a ellas como “poco confiables” y está convencida de que es mejor invertir 8,000 millones de dólares en una refinería que en dotar de recursos a la CFE para que pueda cerrar las nueve plantas que funcionan con combustóleo.

El problema no es lo que Rocío Nahle piense como persona privada, sino el impacto que tiene su manera de pensar en las políticas públicas. En su desprecio por las energías renovables y su devoción por las energías fósiles, nos coloca como país en una situación muy riesgosa. En los próximos años se definirá el mapa energético del mundo del siglo XXI, queda claro en un excelente reportaje del Financial Times. México tiene todo para ser una potencia en energía solar y eólica. Podría apostar por ser el gran laboratorio de América Latina en esta transformación. Generar riqueza y contribuir a un mundo más limpio. En vez de eso, Rocío Nahle y Manuel Bartlett nos quieren convertir en el último reducto de la defensa de los combustibles fósiles. Mientras tanto, los ecologistas de la 4T se quedan callados. ¿Les comieron las lenguas los ratones?

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