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Sólo 72 horas después del saludo del presidente de México con la madre y abuela de los capos del Pacífico, el presidente de Estados Unidos ordenó ayer una ofensiva militar sin precedentes para luchar contra el tráfico de drogas en el Pacífico y el Caribe.

Y, la semana pasada, a seis días de México haberse quedado solo en la OEA por defender a la candidata de Nicolás Maduro, Estados Unidos ordenó la búsqueda y captura del dictador de Venezuela por considerarlo narcotraficante internacional.

Pareciera, entonces, que los dos aliados comerciales más grandes del mundo no se entienden para nada en cuestiones geopolíticas, porque, cuando menos en el trato al narcotráfico y a la dictadura venezolana, parecen enemigos irreconciliables.

Para la operación contra el narcotráfico, Washington movilizará el doble de barcos de la Armada que tenía hasta ahora en el Caribe y el Pacífico Oriental, para prevenir que los carteles aprovechen la pandemia de COVID-19.

Queda claro que la movilización por la zona del Caribe busca dar una vuelta de tuerca más al régimen de Maduro, cuya crisis política se agravó por la pandemia, la presión estadounidense y la pugna interna con el presidente encargado Juan Guaidó.

Pero, por el lado mexicano, el cartel del Pacífico o de Sinaloa (dirigido por los hijos de El Chapo y por El Mayo) es considerado por la DEA la organización de tráfico de drogas más grande de Estados Unidos: “Mantiene la huella más expansiva en Estados Unidos”.

Y que “exporta y distribuye cantidades al por mayor de metanfetamina, marihuana, cocaína, heroína y fentanilo en Estados Unidos, con centros de distribución en ciudades que incluyen Phoenix, Los Ángeles, Denver, Atlanta y Chicago”.

Así que el despliegue militar estadounidense por el Pacífico tiene dedicatoria especial al cartel hacia el que el mandatario mexicano dispensa un trato curioso, pues capturó y liberó ipso facto a uno de sus capos, y el domingo saludó a la madre del gang.

Según el gobierno de Estados Unidos, ese gang es muy peligroso: “Los distribuidores aliados a El Mayo Zambada y los hijos de El Chapo dominan en tres regiones del país: la Costa Oeste, el Medio Oeste y el noreste”.

Hacia ellos enfila Washington destructores, barcos de combate, helicópteros, aviones de la fuerza aérea para labores de vigilancia y patrullas de la Guardia Costera. Y este gobierno mexicano ni siquiera ha cumplido pedidos de extradición en su contra.

En todo caso, la ofensiva de Washington contra carteles mexicanos de la droga coincide con un pico histórico de la violencia aquí, pues marzo se convirtió en el mes más violento de la historia, con dos mil 585 asesinatos.

Y son los americanos los que se han decidido a hacer algo.