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México ya tiene una gobernanza civil en teoría, pero militar en los hechos: la Armada tomó ayer el control de ocho aeropuertos, incluidos los de la CDMX. El presidente lo logró en tres años: sacar a los empresarios del poder político y sustituirlos con los militares.

Los marinos empezaron a encargarse de las terminales Uno y Dos de la CDMX; las de Cancún y Cozumel, en Quintana Roo; las de Mérida y Chichén Itzá, en Yucatán; y las de Tapachula y Tuxtla Gutiérrez, en Chiapas.

A semejanza de Cuba, Venezuela y Nicaragua, el actual gobierno mexicano creó el aparato político administrativo necesario para controlar el funcionamiento del país con el apoyo incondicional del Ejército. Esta realidad que llegó para quedarse.

En apenas tres años, la actual administración mexicana trabajó por nota el librito castrochavista de eliminar, de la superestructura capitalista del Estado, la influencia de las inversiones de la empresa privada y cambiarla por el poder temerario de las armas.

Aunque era fácil sacarse de encima la influencia de los empresarios, ya que éstos sólo tienen dinero y en cuanto lo ven amenazado, se echan a correr o meten la cabeza bajo el ala. Con los militares será imposible: se plantan porque tienen la fuerza de los tanques.

Se demostró con el rápido control de la inmensa mayoría de la prensa que consiguió este gobierno, debido a que los dueños de medios en México los crearon, o compraron, para hacer negocios con el gobierno. Bastó con apretarles las clavijas desde el inicio.

Recordemos que, de ocho empresarios que fueron con el presidente a hacer campaña para Trump, cuatro fueron dueños de medios. Y a muchos de los otros los sientan a negociar con carpetas judiciales sobre la mesa. Pan o palo. Y el pan se acaba rápido.

Escribe el columnista de El Universal Salvador García Soto.

El empresario de medios, que obtuvo dos concesiones de los reclusorios privados (…) pidió una cita en Palacio Nacional con la intención de “negociar a la baja” sus dos contratos millonarios (…) el representante del presidente espetó sin más: “Está bien, podemos negociar, nada más que en este gobierno negociamos a partir de carpetas. Y ya hay dos carpetas judiciales sobre este tema. A partir de eso, podemos negociar”.

Estamos entonces ante una combinación de echarse a correr: por el lado del gobierno civil, la negociación a partir de carpetas judiciales y el obsequio de autos de formal prisión como si fueran chocolates; por el lado del gobierno militar, la simple presencia de las armas.

Es una barrera impenetrable:

1.- Militares incrustados en el poder civil y forrados de lana

2.- Gobierno usando a su antojo el Código Penal.

En sólo tres años, eh.