Pandemia por coronavirus (Cobertura especial)

La lógica de la sumisión republicana al ex presidente Trump

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Gregorio MerazEE.UU.

Republicanos ahora pisotean principios conservadores que antes defendían, sometiéndose a la manipulación como garantes de la impunidad de crímenes, abusos y delitos de Trump

Navegando por los peligrosos mares de incongruencia, asidos con desesperación a la más grande mentira del ex presidente Trump, los herederos políticos de Abraham Lincoln, reniegan del fundador del Partido Republicano por secundar la oscura agenda de Donald Trump.

Sometidos al control del expresidente que se hizo pasar por empresario exitoso, los republicanos, despojados de identidad, ideología y antecedentes, son arrastrados a múltiples contradicciones, que comienzan con la veneración ciega al ex mandatario Trump.

Los republicanos ahora pisotean principios conservadores que antes defendían, sometiéndose a la manipulación como garantes de la impunidad de crímenes, abusos y delitos de Trump. Con esa actitud, los republicanos pavimentan el camino a los planes del expresidente, para tratar de destruir la democracia más grande del mundo.

Para alcanzar ese objetivo, Trump, forzó al estado de Georgia, a convertir su gran mentira de “fraude electoral” masivo, en justificación para la primera de 250 iniciativas de ley republicanas en 44 estados de la Unión, que cuya finalidad es hacer cada vez más difícil el ejercer el voto, especialmente para las minorías.

Mientras Trump y los Republicanos repasan una y otra vez su “mantra” de “fraude masivo”, Sidney Powell, ex abogada de Trump, respondió a una demanda multimillonaria en su contra, diciendo a una Corte Federal, que “ninguna persona razonable podría haber creído las descabelladas aseveraciones de fraude en las elecciones de 2020”.

Atrapados entre el capricho y el chantaje, los republicanos, en lugar de asumir la verdad, abrazan la gran mentira, sobre inexistentes irregularidades en el proceso electoral.

Esta primera ley electoral estatal, que es parte de la anticonstitucional estrategia para recuperar el poder a cualquier costo, fue firmada lejos del pueblo, en una inexpugnable oficina de Brian Kemp, gobernador de Georgia.

La ley implica un retroceso en los métodos de votación, imponiendo requerimientos más estrictos para el voto anticipado por ausencia, limita la disponibilidad de urnas, despoja al secretario de Estado de la autoridad para coordinar el proceso electoral, reduce horarios y otras medidas, lo que se espera hagan legislaturas en 44 estados, bajo control republicano, las próximas semanas.

El presidente Joe Biden condenó la Ley que calificó como “una atrocidad,” diciendo que equivale a las denominadas “leyes Jim Crow, del Siglo XXI”.

Jim Crow es un personaje teatral, con una definición racista del afroamericano y su cultura, que se aplicó a las leyes locales y estatales de segregación racial en los estados sureños que decían “reconocer” la igualdad pero negaban el derecho de que blancos y negros se mezclaran en escuelas, hospitales, restaurantes, barberías y otros sitios públicos, en lo que fueron los estados Confederados.

La ofensiva republicana, con un tsunami de leyes como ésta o peores, enfrenta ya una gran cantidad de demandas de grupos de derechos civiles, que los acusan de tratar de suprimir ilegalmente el derecho al voto de las minorías, en violación a la Ley de Derecho al Voto de 1965.

De acuerdo a los activistas, legisladores y expertos, ese ataque al sistema electoral solo puede enfrentarse con la “Ley de Protección al Derecho al Voto”, autorizada ya en la Cámara Baja pero que enfrentará resistencia de los republicanos en el Senado, quienes prometieron a Trump “bloquear todas y cada una de las iniciativas” de Biden.

Para ello, la frágil mayoría demócrata en el Senado necesita la modificación urgente de las reglas de la Cámara Alta eliminando el procedimiento denominado “Filibustero” que establece como condición para la autorización de nominaciones o iniciativas, la aprobación de dos tercios del Senado (60 votos) y permite impedir la votación, con tácticas dilatorias.

La lógica de la obediencia a Trump

Cuando el ex presidente Donald Trump, bloqueó la investigación sobre la posible colusión de su comité de campaña con Rusia, prohibió la difusión completa del Reporte Mueller, entre otras cosas, la mayoría de los votantes estadounidenses esperaban que los republicanos lo enjuiciaran (al menos, para guardar apariencias) pero lejos de eso, le “absolvieron” a ciegas.

Cuando Trump optó por ignorar múltiples reportes oficiales advirtiéndole que sin una acción inmediata, Estados Unidos enfrentaría catastróficos efectos a causa de la Pandemia de Covid-19, con cientos de miles de muertes, colapso de mercados financieros, desplome de la economía, aumento del desempleo, pobreza, crisis de vivienda, hambre y otras, la mayoría de los votantes pensaron que los republicanos se distanciarían de él, pero tampoco fue así.

Claramente recordamos que el entonces presidente Trump es responsable de promover la resistencia al uso de mascarillas, al distanciamiento de 6 pies y la suspensión de actividades.

Envalentonado por la sumisión de los líderes de su partido, Trump rechazó la derrota electoral que le infringió el demócrata Joe Biden, de 81 millones 268.924 contra 74 millones 216.154 sufragios, en el voto popular y por 306 votos electorales contra 232, en el Colegio Electoral, sumiendo al país en una crisis constitucional.

Trump rechazó iniciar la transición pacífica del poder, pilar de esta democracia desde hace siglos, hasta que fue forzado, pero no recibió a su sucesor Joe Biden en la Casa Blanca.

Humillado y derrotado, consciente de que despojado del poder presidencial, sería más vulnerable a un alud de procesos criminales en su contra, así como a docenas de investigaciones y demandas, la revelación de sus retornos de impuestos y más, Trump se aferró al poder, mediante numerosos intentos de golpe de estado:

1.- Presentando casi un centenar de demandas de “fraude electoral,” descartadas por alrededor de 100 Tribunales de justicia por falta de pruebas.

2.- Llamando al secretario de Estado de Georgia, para intimidarlo, amenazarlo y exigir que se le dieran 11 mil votos “para reclamar su victoria”, igual que hizo en Pensilvania y otros estados.

3.- Presionó a las legislaturas controladas por republicanos en 40 estados, exigiendo que designaran delegados al Colegio Electoral, para ignorar el resultado de la votación popular.

4.- Trató de sobornar a un investigador electoral de Georgia, “para que encontrara un fraude y se lo reportara”, a cambio de convertirlo en “héroe nacional”.

5.- Convenció a legisladores republicanos, que traicionando su juramento de respetar y hacer respetar la Constitución de Estados Unidos, montaran un circo, pidiendo la anulación de las votaciones en Arizona, Filadelfia, Nevada, Wisconsin, Georgia y otros estados.

6.- Presionó al vicepresidente Mike Pence, para que “solo rechazara” las certificaciones de algunos estados, a fin de que “fueran sustituidas” por otras a su favor.

7.- Y, finalmente, frustrado, instigó la insurrección de miles de sus seguidores para bloquear la certificación de la victoria electoral del actual presidente Joe Biden, poniendo en riesgo la vida del vicepresidente Mike Pence y 535 legisladores.

Pero todas estas cosas no parecen ser suficientes para que los republicanos asuman una actitud más razonable, patriótica, inteligente e impidan el asalto a la democracia de este país, cuyos efectos se reflejarían en todo el mundo.

 

*Texto reproducido con autorización del autor y publicado en L.A. Times.

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