De los 218 millones de dólares que costó y sin que haya terminado de pagarse, el detestado avión presidencial se quiere rematar en 110, prácticamente nuevecito, a la presidencia de Argentina, mediante un anticipo de 30 y los restantes 80 pagaderos en abonos cuando y como aquel gobierno pueda, de preferencia con dinero, o de perdis en especie.

En el fracaso de algunas estruendosas pretensiones de la 4T acompañan al desairado TP-01 la innecesaria, tramposa y onerosa consulta de revo-ratificación de mandato, el desastroso Instituto Nacional de Salud para (el obvio) Bienestar y el reguero de sucursales del Banco del Bienestar, pero los tumbos que se han dado con la célebre aeronave son los que, en vez de indignación, mueven a carcajadas.

Para deshacerse del aparato se han esgrimido razones tan respetables como que el presidente López Obrador no quiere utilizarlo porque está muy bien equipado y prefiere trasladarse en vuelos comerciales, pero también mentiras contumaces (entre otras que el baño “es de mármol”).

Lo cierto es que ese avión es tan amplio como la responsabilidad de un jefe del Estado mexicano y fue amueblado con asientos espaciosos, más cómodos que los comunes, todos iguales (tanto para el presidente como para sus acompañantes y la tripulación). En cuanto a “lujos” o “excesos”, quien esto afirme confunde la eficiencia, la modernidad y la comodidad con lo extravagante, lo “faraónico” y lo superfluo.

Con el ofrecimiento reciente, muy atrás quedó la frustrada mediación de la Oficina de las Naciones Unidas de Servicios para Proyectos (resultó inútil también para la adquisición de medicinas) para encontrar compradores y la hilarante cena en Palacio Nacional donde la ingesta de tamales de chipilín, con billetes de lotería como postre, costó a cada invitado entre 20 y 200 millones de una rifa en que la leyenda y la imagen del avión presidencial sirvió de señuelo.

Los ganadores del engañoso sorteo fueron hospitales y escuelas a donde los premios en efectivo se entregaron de manera por demás turbia o simplemente nunca llegaron (ni Lotería Nacional, ni las secretarías de Salud, Educación, Hacienda o el IMSS se hicieron responsables del destino de mil 823 millones de pesos obtenidos de la rifa; solo dos escuelas pudieron aplicar parcialmente los recursos y en Aramberri, Nuevo León, apenas lograron construir dos salones y un domo, y en otra, de Chiapas, el crimen organizado forzó a los padres a comprar armas).

Exportadora muy importante en el mercado mundial de granos y carne, Argentina carga con una tradición de ineficiencia financiera y corrupción que la ha llevado a deudas impagables y a ridículos tangos administrativos en gobiernos demagogos como los del kirchnerismo (marido y mujer) y el actual mandatario, Alberto Fernández.

Allá se necesita un avión presidencial, pero únicamente disponen de 20 millones de dólares. Quizá en eso se les reduzca el enganche y lo demás quizá terminen pagándolo aunque sea con chimichurri…