Pandemia por coronavirus (Cobertura especial)

Para la reforma hacendaria, ¿negociación o presión?

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Enrique CamposLa Gran Depresión

Así que, bien harían los empresarios en sentirse aliviados con el tema del outsourcing hasta que lo vean publicado en el Diario Oficial

Los representantes del sector empresarial se dicen satisfechos y hasta enumeran los beneficios del acuerdo que alcanzaron con el gobierno federal y diferentes organizaciones sindicales para, finalmente, sí hacer modificaciones a la subcontratación laboral, el famoso outsourcing.

Claro que hoy esos empresarios se dicen hasta contentos porque veían que la iniciativa original de la 4T pudo haber causado una hecatombe económica que habría alcanzado lo mismo a los acuerdos comerciales internacionales, a un gran número de empresas mexicanas y a no pocas entidades públicas que también recurren sin miramientos a ese mecanismo de proveeduría laboral.

Ahora, el sector empresarial también estaba contento con aquella negociación sobre el sistema de pensiones, hasta que la bancada de la 4T incluyó de manera arbitraria y sin consulta alguna aquello de topar las comisiones que cobran las Administradoras de Fondos para el Retiro.

Sin honor, pero con todo el poder de ser la mayoría del Presidente, los legisladores incluyeron esos cambios no negociados. Lo mismo hicieron en las negociaciones del incremento al salario mínimo para este año. Simplemente ignoraron las opiniones de los empresarios, quienes son los que al final desembolsan esos pagos.

Así que, bien harían los empresarios en sentirse aliviados con el tema del outsourcing hasta que lo vean publicado en el Diario Oficial.

Y es a esos grupos empresariales a los que la 4T quiere convocar para las fotos de la negociación de lo que ya llaman desde el gobierno la reforma hacendaria.

Desde hace tres semanas la mayoría de Morena en la Cámara de Diputados convocó a un grupo de expertos en temas fiscales para revisar esos temas. Pero esos, en todo caso, son los trabajos técnicos previos a cualquier iniciativa al respecto.

Obviamente, no se hablará de manera formal en las mañaneras de una reforma hacendaria hasta después del 6 de junio. Porque eso de tratar temas de impuestos a dos meses de las elecciones no le va a ningún gobierno, menos a uno de corte populista.

Pero ¿Cuál será el orden de los factores en su pretendida reforma hacendaria? ¿Primero presentará la 4T su plan de trituración tributaria a las empresas, para que después los organismos del sector privado se digan contentos de que no los afectaron tanto? ¿O, los incluirán desde un principio en una negociación abierta, seria y de fondo?

Por los antecedentes, la respuesta parece obvia.

Desde la visión de la 4T la necesidad es una: contar con más recursos de los contribuyentes ricos para un ejercicio discrecional del presupuesto en las grandes obras faraónicas y en el gasto asistencialista del presidente López Obrador.

Cuando realmente una reforma hacendaria debería implicar la optimización del gasto público y la ampliación de la base de contribuyentes para que, de una forma simple de tributación, se pueda lograr un mejor crecimiento económico.

Los antecedentes ahí están. El gobierno presenta iniciativas legales que acaban en tribunales o en negociaciones forzadas con los afectados por los cambios. Y cuando logra un acuerdo constructivo, la mayoría del Presidente le agrega lo que quiera en el Congreso que dominan.

Hay que ver qué camino habrá de seguir esa reforma hacendaria, que tan pronto como pasen las elecciones empezará a calentar la 4T.

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