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Una recomendación para lectoras y lectores: una lectura divertida y bien documentada para estos días de asueto. La publicación lleva por título el mismo que adopté para esta columna y su autor es Jesús Hernández Torres, quien ha ocupado cargos destacados tanto en la iniciativa privada como en el sector público, entre otros, Oficial Mayor de la Secretaria de Educación Pública (1988-1992) y Director General de Radio Televisión y Cinematografía de la secretaría de Gobernación, prácticamente, durante todo el gobierno de Miguel de la Madrid.

“Aunque usted no lo lea” es una compilación de anécdotas de las que el autor más que el protagonista es un testigo que nos pone en contacto, mediante una bien cuidada y amena redacción, con intimidades, acontecimientos, agudezas y chascarrillos de personajes del mundo del arte, la comunicación, la política y la cinematografía.

El libro va desde la dificultad que significó que Margarita López Portillo entendiera que ya no era la directora de la dependencia en la que la puso su hermano y permitiera que Hernández Torres tomará posesión del puesto, hasta la araña de seis patas que el escultor chihuahuense Sebastián le regalara, pasando por personajes como Gabriel García Márquez y la presentación de la película Eréndira en el Festival de Cannes de 1983 y los fantasmas de Chimalistac; los whiskys mañaneros del cineasta Franco Zeffirelli, en la Semana del Cine Italiano de 1986; la recuperación del patrimonio fílmico y la creación de la nueva Cineteca Nacional; los monólogos sobre cine de José Luis Cuevas; su plática con Fidel Castro cuando éste le reveló que trabajó como extra en el cine mexicano; inclusive el día que el Indio Fernández bautizó la calle “Dulce Oliva”.

La charla con Ismael Rodríguez quien le contó de su truncado proyecto, por la muerte de Pedro Infante, de filmar la vida de Jesucristo, con el ídolo de Guamuchil en el papel de Jesús; los martinis que don Luis Buñuel les preparó al autor y al presidente De la Madrid; la frase célebre de Manuel Barbachano Ponce: “Hay cosas que son como son, hay cosas que no son como son y hay cosas que ni qué”. O cuando Rubén Olivares emocionado por su ingreso al Salón de la Fama del Boxeo dijo: “Qué bueno es recibir homenajes en vida porque muerto ni se gozan”.

El autor dedica un capítulo, titulado “A la manera de entreacto” a su vida familiar, desde su niñez con un fantasmagórico episodio de la aparición de un espíritu y monedas de oro enterradas en lo que fuera la casa de su infancia, hasta la etapa de madurez al lado de su esposa Milagros y sus hijas Mariana y Sofía, así como su actividad como compositor de canciones.

De todos las personalidades de las que se ocupa el libro hay dos que destacan: Mario Moreno Cantinflas con quien el autor logró tener una gran amistad y la caprichosa diva: María Félix a la que trató con frecuencia, por diversos motivos. Termino esta última columna del año con una anécdota: Como presidente de la Academia de Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas a Hernández Torres le tocó entregar el Ariel de Oro a la Doña. El día de la entrega recorrieron las instalaciones de la Cineteca Nacional, María acompañada por el primer mandatario y su esposa. Cuenta el autor que al llegar a la sección donde está el acervo de fotografías: “Jalé una gaveta y le dije: señor presidente, María Félix quiere hacerle un regalo que conmemora su visita para la entrega del Ariel de Oro. Saqué la fotografía de María que habíamos elegido de la película “Rio escondido”. La coloqué sobre la mesa prevista, ella se sentó con pluma en mano y escribió: ‘Para el presidente de México…’, y ante la sorpresa de todos, le preguntó: ‘¿Cómo se llama usted?’”. ¿Falta de información? ¿Mala memoria? ¿Arrogancia?

Esta columna regresa el 9 de enero. Felicidades.