Estamos a punto de cumplir dos años con el T-MEC. ¿Qué tanto más puede crecer la relación económica entre México y Estados Unidos? Esta relación se ha multiplicado por siete desde que entró en vigor el TLCAN, hace 28 años. Valía 93,000 millones de dólares en 1993 y ahora asciende a 661,000 millones de dólares, si tomamos como referencia las cifras de 2021.

Esta sociedad económica genera 5 millones de empleos en Estados Unidos y otros 5 millones de empleos en México, según un documento del US Mexico Center de San Diego. Del lado mexicano, estos empleos están relacionados casi siempre con los niveles más altos de productividad y también con remuneraciones muy superiores al promedio del mercado laboral.

La integración es palpable en industrias como la automotriz y la electrónica, pero también se deja ver en una industria cultural y de consumo donde suceden cosas impensables hace 30 años. Más allá del Río Bravo, las salsas picantes estilo mexicano han derrotado a la salsa catsup y el aguacate en forma de guacamole es la botana predominante el día del Super Bowl. Películas protagonizadas por mexicanos como Eugenio Derbez encabezan las listas de taquilla en Estados Unidos y los espectáculos de música mexicana generan más dinero allá que en nuestro país. ¿Llegará un momento en el que se vendan más tortillas en Estados Unidos que en México?

Si se mantuviera el ritmo de las primeras tres décadas, en el 2050 tendríamos una relación bilateral que valdría más de 4 billones de dólares anuales (trillions, dirían los vecinos del norte). Un crecimiento de esta magnitud parece improbable, porque implicaría volver a multiplicar el comercio por siete en 30 años. Más aún, implica contar con circunstancias parecidas a las que se vivieron entre 1994 y 2022, entre ellas la confianza compartida entre las elites y los pueblos de México y Estados Unidos de que el libre comercio entre nuestros países es la mejor forma de tener relaciones económicas binacionales.

La mayor oportunidad de crecimiento está en el nearshoring. El desacoplamiento de las cadenas productivas de Estados Unidos respecto a China puede significar una mayor acoplamiento con México. La mayor amenaza está en la emergencia de tendencias nacionalistas proteccionistas, en ambos lados de la frontera. Son reales las oportunidades derivadas de esta relocalización de inversiones que ahora están en China. México es un candidato natural para captar una parte de ese río de dinero, pero no es algo que se dará en automático. China se convirtió en líder mundial de captación de Inversión Extranjera Directa, entre otras cosas, porque realizó cuantiosas inversiones en infraestructura y en educación. Tiene parques industriales, puertos y aeropuertos de clase mundial, además de una mano de obra calificada en todos los niveles como la que requiere la manufactura del siglo XXI. ¿Está listo México para levantar la mano y acertar cuando llegue el momento de dar las respuestas del nearshoring?

Nuestra infraestructura y nivel educativo son limitantes, pero los riesgos más importantes están en la esfera política-social. Son reales las amenazas derivadas del proteccionismo. Es una tendencia que va al alza en Estados Unidos, en Europa y en el mundo. En México, se expresa en el apoyo popular a las decisiones lopezobradoristas en el sector energético. Más allá de los costos económicos, esas medidas cotizan alto en la bolsa de valores política. Significan popularidad y eventualmente pueden ganar elecciones.

Los cuatro años de la Era Trump son un aviso de lo que podría pasar. Hay una parte de la sociedad estadounidense que cree que el libre comercio ha traído más problemas que soluciones. Quieren otra cosa. Para ese grupo, que está lejos de ser marginal, la relación económica ideal con México no es aquella que significa una integración creciente e irreversible, sino todo lo contrario.

Aguas con el regreso de Trump. Él amenazó con desconocer el Tratado de Libre Comercio de América del Norte y estuvo a punto de hacerlo. El documento para comenzar el proceso de “divorcio” con México estaba listo para la firma presidencial, sobre el escritorio del mandatario. Eso ocurrió en 2017, si hemos de tomar en serio lo que dice Bob Woodward en su libro sobre Trump, titulado Rabia.

Si queremos hablar de nubarrones, no necesitamos hacer futurismo político. Las controversias comerciales entre México y Estados Unidos están a la vista. De parte de México (junto con Canadá) es muy relevante la solicitud de un panel para resolver las diferencias en la interpretación que Estados Unidos hace de las reglas de origen en la industria automotriz. En juego, está el futuro de la industria que más le ha dado a México en el contexto de la relación comercial con Estados Unidos. Son 93,000 millones de dólares de exportaciones y cerca de 1 millón de empleos.

De parte de Estados Unidos, se avistan rayos y centellas por las acciones que el Gobierno de México ha tomado para proteger a Pemex y CFE. Pueden irse por un panel, como lo establece el T-MEC. Pueden también buscar otra solución más radical, algo que esté fuera de la caja pero que tenga mucha rentabilidad política. Vivimos tiempos impredecibles porque todo se está redefiniendo. ¿Qué tanto se puede achicar la relación económica con Estados Unidos?