¿Logrará el Gobierno rescatar a Pemex o se ahogará en el intento? Pemex tiene una deuda financiera de 113,000 millones de dólares. Esto equivale a 9% del PIB y es más o menos 52% de la deuda externa del gobierno federal, que vale 214,175 millones de dólares.

Pemex es la petrolera más endeudada del mundo y queda claro que no soltará el cetro tan fácil. Su deuda era 105,800 millones de dólares en 2018 y ha crecido contra viento y marea. Esta empresa ha recibido apoyos por cerca de 27,000 millones de dólares en los tres primeros años de la administración. Estos no han servido para mejorar el perfil de la deuda ni sus números de operación. Los apoyos han tomado la forma de inyecciones de capital y reducción de los Derechos de Utilidad Compartida. Los impuestos que paga Pemex fueron 65% en 2019; 58% en 2020; 54% en 2021 y serán 40% en 2022.

¿Qué es lo que sigue? La inyección de 3,500 millones de dólares a la petrolera, anunciada el lunes por la Secretaría de Hacienda, nos ofrece algunas claves. El informe de la calificadora Standard & Poor’s, dado a conocer el martes 7, nos ayuda a completar la fotografía.

En el salvavidas de 3,500 millones de dólares podemos ver, si lo miramos con lupa, la mano de Rogelio Ramírez de la O. El Secretario de Hacienda está consciente de la importancia que tiene el rescate de Pemex para el presidente, pero también sabe que la empresa requiere mucho más que apoyos financieros y fiscales: le urge mejorar en sus indicadores de operación.

En el documento que anuncia los 3,500 millones de dólares se puede leer el aviso que habrá cambios en el plan de negocios de Pemex. No sabemos si es una petición, una exigencia o una orden de Ramírez de la O, pero parece un compromiso frente a los acreedores y las agencias calificadoras de deuda. Esto es lógico, considerando que la petrolera ha fracasado en los rubros más relevantes de operación. No ha podido incrementar la producción de crudo, que tiene un promedio inferior a 1.7 millones de barriles diarios. Esta cifra es menor a lo que producía en 2018 y deja en claro que no se cumplirá lo prometido por AMLO de producir 2.4 millones de barriles diarios al final del sexenio.

Cuando se habla de refinación, las mañaneras del presidente han dirigido los reflectores a la refinería de Dos Bocas. Las controversias en torno a ese proyecto han desviado la atención de lo que ha pasado en las otras refinerías. El factor de utilización de las plantas está por debajo del 45 por ciento. Ha estado así todo el sexenio, ¿para qué tener otra refinería, si las existentes funcionan a menos de la mitad de su capacidad?

La mediocridad de los resultados en producción y refinación ha impedido que Pemex aproveche la oportunidad que representan los altos precios del petróleo. No tenemos volumen para generar grandes ingresos por exportaciones, pero tampoco para pagar con las ventas de crudo las importaciones de derivados del petróleo, como gasolina y diésel. La cereza en este pastel de falta de competitividad de Pemex es la perdida de cuota de mercado en gasolinas y diésel. Los privados tenían 9% del mercado de gasolinas en 2018. Ahora tienen 24 por ciento. En diésel, los privados pasaron de 12 a 32 por ciento.

Standard & Poor’s mantiene la calificación de la deuda mexicana y advierte la posibilidad de una rebaja en el 2022. La calificadora elogia “la gestión macroeconómica cautelosa” y las políticas fiscales y monetarias “prudentes”. Esto y el buen comportamiento del sector externo justifican que mantenga la calificación en grado de inversión. Sin embargo, advierte los riesgos  relacionados con “el apoyo extraordinario” que podría darse a Petróleos Mexicanos y la Comisión Federal de Electricidad. Esto prende focos, porque el gobierno no tiene mucho espacio fiscal. S&P se refiere a los complejos desafíos fiscales de Pemex y CFE y al riesgo de que haya más pasivos contingentes relacionados con el manejo de los apoyos a las energéticas.

¿Logrará la 4T salvar a Pemex o se ahogará en el intento? Es un barco que hace agua y se dirige a un iceberg.