Pandemia por coronavirus (Cobertura especial)

La pandemia exhibió las desigualdades… traerá más inequidad

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Luis Miguel GonzálezCaja Fuerte

Las desigualdades se expresan mucho antes de llegar al punto de la atención hospitalaria

La pandemia exhibió las desigualdades: La tasa de mortalidad de los pacientes hospitalizados con Covid-19 en el IMSS fue de alrededor de 55 por ciento. En los hospitales privados, más o menos 20 por ciento. ¿Cómo explicar esta enorme diferencia? “No basta con hablar de comorbilidades o de factores socioeconómicos. Un factor clave fue la calidad de la atención médica”, dice Mariano Sánchez Talanquer, uno de los autores del estudio sobre la respuesta de México al Covid-19, publicado por la Universidad de California en San Francisco.

La diferencia en la mortalidad de pacientes se explica por factores “como infraestructuras viejas, altos volúmenes de pacientes, falta de personal (incluso cuando faltó el número de camas o ventiladores), escasez de medicamentos, capacidad inadecuada y criterios restrictivos de hospitalización… los trabajadores de la salud de la primera línea se enfrentaron a una crisis sanitaria extrema en condiciones muy desfavorables”, se lee en la página 29 del informe.

Las desigualdades se expresan mucho antes de llegar al punto de la atención hospitalaria. En el acceso a las pruebas, por ejemplo. En la Ciudad de México, 175 de cada 1,000 habitantes pudieron hacerse análisis. En los municipios colindantes, apenas 33 de cada 1,000. Esta comparación es relevante porque coteja dos grupos de personas que viven en la misma región y que interactúan cotidianamente. Los habitantes de los municipios del Edomex colindantes con la Ciudad de México se desplazan a la capital para trabajar. Muchos de ellos no pudieron dejar de trabajar durante la pandemia y aumentaron su exposición al virus al viajar en el transporte público.

Se pudieron haber evitado 190,000 muertes, dice el trabajo titulado La respuesta de México al Covid-19. ¿Han leído ese estudio? Si no lo han hecho, tómense unos momentos para hacerlo. En él se explica cómo llegamos a una cifra que hubiera causado un terremoto de conciencia en cualquier otro país o en cualquier otro momento en este mismo país. “Una de las conclusiones más importantes es que no era una catástrofe inevitable”, dice Mariano Sánchez Talanquer, uno de sus autores. “Se instaló en la conversación pública una aceptación de la tragedia que es también una forma de conformismo”.

Sánchez Talanquer es profesor investigador en Harvard y en el Colegio de México. Tuve la oportunidad de conversar largo con él, como parte de una entrevista que publicaremos en El Economista el lunes. Desde Boston, expresa su preocupación, pero también su rebeldía ante lo que está ocurriendo: “Es cómo si dijéramos qué no teníamos derecho a esperar otro resultado. Eso sirve para evadir la responsabilidad. Estoy convencido que una gran cantidad de familias hubieran podido evitar el duelo”.

La pandemia es también es una fuerza desigualadora, en el sentido que agudizará las desigualdades. Un trabajo de Héctor Nájera y Curtis Huffman de la UNAM, calcula que el porcentaje de personas que viven en pobreza extrema en México pasó de 17% a 22% del total. Son 6.2 millones de personas. “Los efectos de esta pandemia se sentirán por mucho tiempo, dice Sánchez Talanquer.

“En el mediano y largo plazo observaremos un crecimiento de los problemas asociados a los padecimientos que dejaron de ser atendidos para atender esta emergencia. Crecerá la presión sobre el sistema de salud, un sistema en el que el personal está agotado, exhausto… que tiene pocos recursos y que tendrá más presión, por la crisis económica”.

El informe ha despertado un enorme interés, en México y fuera, pero Mariano Sánchez aspira a que sirva para corregir algunas de las cosas que se han hecho mal, “el pecado original fue depositar toda la responsabilidad en una sola área del gobierno, sin independencia del Presidente de la República… algo que podría ayudar a mejorar la respuesta es darle las responsabilidades del manejo de la pandemia al consejo de salubridad general, un órgano colegiado, con autoridad científica y con independencia de los criterios políticos… el momento para cambiar era ayer 15 de abril, antier, pero hacerlo ahora sería bueno porque esta pandemia no ha terminado”.

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