La inflación está fea y se puede poner peor: más pesada y más dolorosa; quizá mas amenazante. Son varios meses de incrementos de precios que se acumulan. Los vamos cargando en nuestras espaldas, están haciendo agujeros en nuestros bolsillos. Los 8.15 puntos porcentuales registrados en el Índice Nacional de Precios al Consumidor en julio serán superados seguramente en agosto y quizá en septiembre.

¿Por qué se puede afirmar esto con tanta seguridad? El aviso viene desde los precios al productor: estos registran un incremento promedio de 10.08% en julio. Uno de los mayores incrementos lo padecieron los productores del sector agropecuario: 15.33%, en comparación con el mismo mes del año pasado. En el sector minero, las alzas a los productores ascendieron a 25.53 por ciento. Tarde o temprano, una gran porción de estas alzas que ahora sufren los productores se transferirán a los consumidores. Después de todo, la inflación es como los aguijones que obsesionaban a Elias Canetti: nadie quiere quedarse con el aguijón que le clavaron, el que puede lo traslada al que se deja… al que no puede resistirse.

La presión por el lado de los costos produce un fenómeno que en inglés se llama shrinkflation. Antes de traducirlo, vale la pena describirlo, ¿han notado que el pan que compraban se volvió mas pequeño? ¿se han dado cuenta que su periódico (no El Economista) trae menos páginas? ¿Hnan visto que proliferan nuevas presentaciones de productos, de menor tamaño, con menos líquido o menos pastillas? Eso es la shrinkflation, una estrategia de las empresas donde nos ofrecen menos por el mismo precio. Es un juego de palabras que fusiona el verbo encoger con las dos últimas silabas de la palabra maldita de estos días. Chiquiflación, podríamos decirle en español, quizá encogiflación, pero suena muy feo.

Llevamos 17 meses con la inflación fuera del rango ideal que define el Banco de México, 3% más/menos uno por ciento. Los banqueros centrales pensaron a principios del 2021 que se trataba de un fenómeno de corta duración y poca profundidad que se resolvería en poco tiempo, sin necesidad de medidas extraordinarias. Se equivocaron. Ahora preocupa el riesgo de que se arraiguen las expectativas inflacionarias. ¿Cuánto esperan los trabajadores, empresarios y otros agentes económicos que suban los precios en el futuro? A partir de esa expectativa o cálculo, estos agentes económicos trazan su estrategia de negociación o de precios. Los trabajadores del sindicato de Volkswagen rechazan una propuesta de incremento salarial de 9% que les ofrecen la empresa. Quieren recuperar el poder adquisitivo que han perdido, pero también aspiran a lograr algo que les permita vacunarse contra la inflación que viene.

Con todos estos elementos desagradables o amenazadores a la vista, ¿dónde están los brotes verdes, las luces al fondo del túnel? La inflación empezó siendo un problema global que se extendió por todos lados y llegó a México. Así pasará con la desinflación. Hay señales de que algo está pasando. El precio de las gasolinas lleva seis semanas con tendencia a la baja en Texas, donde están nuestros principales proveedores incluyendo “la mexicana”, Deer Park. En el caso de los alimentos, el índice de precios de la FAO registró un descenso por cuarto mes consecutivo. La disminución de julio representa el mayor descenso desde que el índice empezó a publicarse en 2008. Bajaron los cereales, los aceites vegetales, el azúcar, los productos lácteos y la carne.

Estos movimientos a la baja son excelentes noticias. Por lo pronto, han permitido reducir los estímulos fiscales que Hacienda aplica en las gasolinas. Lo que está pasando en los alimentos, todavía no se nota en los supermercados o en los tianguis. ¿Cuándo pasará? ¿por qué las buenas cosas se tardan en llegar en los años malos?