Los activos petroleros de México valen alrededor de 406,300 millones de dólares, ¿cuánto valdrán en el futuro? Mucho depende de la velocidad en la que ocurra la transición energética en el mundo. Uno de los escenarios más probables es que su valor se reduzca dramáticamente. Quedarían en torno a 169,000 millones de dólares, dentro de 15 años, de acuerdo a las proyecciones de un trabajo publicado en la revista Nature.

¿Por qué este desplome? Podemos olvidarnos de los números. La caída puede ser de 60% o 70%, quizá 40 por ciento. Lo más relevante es la tendencia. Los fósiles van hacia abajo. En los próximos años veremos un esfuerzo sin precedente de los mayores países productores por vender la mayor cantidad posible de sus activos de petróleo y gas. Lo harán porque las energías renovables son más baratas y competitivas, año con año. En la medida en que estas alternativas ganen terreno y credibilidad, decrecerá la demanda por los combustibles fósiles. Es el cuento del Lobo que no ha llegado, pero llegará. No parece razonable para países como Arabia Saudita o Qatar administrar sus inmensas reservas de petróleo y gas como si este siguiera teniendo valor dentro de 50 años.

¿Vendrá una venta a precios de saldos? Con los valores registrados en el segundo semestre del 2021, parece absurdo, pero no hay que olvidar que estamos en un año atípico. Están claras las megatendencias, pero no podemos predecir la rapidez en que el nuevo mundo energético se consolidará. Seguimos en un juego de poder entre productores y consumidores de energías fósiles. La novedad es que han entrado a escena los desarrolladores de energías limpias. La manera en que esto se resuelva determinará la geopolítica de los próximos años y tendrá profundos efectos económicos y sociales, argumentan en Nature 11 investigadores de las Universidad de Exeter, Cambridge y Amherst Massachussets.

El estudio no está enfocado en México, pero aparecemos en algunos gráficos y no podremos escapar de las megatendencias globales. Las reflexiones sobre efectos sociales son también advertencias: los países, regiones y ciudades que más dependen del petróleo pueden enfrentar un fuerte deterioro social en la medida que desaparece su principal fuente de producción de riqueza. Son empleos, impuestos y más lo que se pierde.

En la COP26 queda claro que el mundo está dividido. Los mayores consumidores son los principales impulsores de metas ambiciosas de transición hacia energías limpias. Estamos hablando de los países europeos, Estados Unidos, Japón y Corea. En la mayoría de los casos son los propietarios de las patentes de las tecnologías clave en energía solar, eólica, nuclear y nuevas baterías. Rusia ejemplifica y lidera la causa de los grandes productores, tiene activos de petróleo y gas que valen algo así como 3 billones 878,000 millones de dólares. Su gobierno se resiste a firmar pactos, no asistió a Glasgow y apuesta a que la transición sea lo más lenta posible.

Estados Unidos y China son los dos principales consumidores de energía. En ellos queda clara la dimensión geopolítica de la transición energética y también las paradojas o contradicciones del papel que estos poderes juegan. China se ha convertido en líder en iniciativas de economía verde, pero no renuncia al carbón y usa su consumo energético para reforzar alianzas geopolíticas, desde África hasta Venezuela. Estados Unidos, con Biden está decidido a recuperar el terreno perdido durante los cuatro años de Trump y aparece como impulsor de las iniciativas para reducir los combustibles fósiles e impulsar la movilidad eléctrica. Las contradicciones de Joe Biden son notables, plantea grandes cosas en Glasgow, pero en la misma semana exige a la OPEP que incrementen su producción para reducir las presiones inflacionarias.

¿Qué nos toca hacer? Somos una de las 15 mayores economías del planeta. Estamos en el top 15 en consumo y producción de energía. Top 12 en la emisión de gases de efecto invernadero y somos uno de los cinco primeros en biodiversidad del planeta. Por historia nos asumimos como un país productor de petróleo, pero somos cada vez más consumidores de derivados del petróleo. ¿Dónde queremos estar en el futuro… Qué papel tendrá Pemex?