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Lo bueno, lo malo y lo feo de la ASF

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Lourdes MendozaEn la mira

Lourdes Mendoza Peñaloza señala que nadie recuerda los antepasados grises y logros pírricos de las instituciones predecesoras de la ASF

Nadie recuerda los antepasados grises y logros pírricos de las instituciones predecesoras de la ASF, cuando se ostentaba como Contaduría Mayor de Hacienda, y menos aún del remoto Tribunal de Cuentas de la Nueva España.

The good

Tuvo que llegar Arturo González de Aragón a la ASF, en 1999, con nuevas leyes de fiscalización para darle prestigio y nivel a las auditorías y explotar la recién conseguida autonomía. González de Aragón también potenció las capacidades de la ASF, con las tecnologías de la información y, no menos importante, la formación de generaciones de auditores de carrera, además de homologar sus procedimientos al marco conceptual de la Organización Internacional de Entidades Fiscalizadoras Superiores (Intosai, por sus siglas en inglés).

Pero no tardó mucho en que la cada vez mayor notoriedad de la ASF la hiciera un fruto apetecible para el golpeteo político. Lo primero fue el juego de la sucesión, para colocar a un incondicional, un plus para garantizar que en el cambio de poderes existiera un amigo en quién confiar, y en 2010 llegó Juan Manuel Portal y consolidó una buena parte de las mejores prácticas de la fiscalización con gente de nivel como la doctora Muna Dora Buchahin Abulhosn, a cargo de la Auditoría Forense que destapó la Estafa Maestra.

The bad

Pero también cometió uno que otro pecado; por ejemplo, el lamentable incidente de imponer, quitar y nuevamente imponer al ingeniero Celerino Cruz (q.e.p.d.) al frente de la Dirección General de Auditoría de Inversiones Físicas Federales, que revisa los principales proyectos de infraestructura del país. Pues a pesar de que tenía procedimientos de sanción en su contra por su gestión en Pemex, como quedó asentado desde el Boletín N°. 2026 de septiembre de 2010 de la Cámara de Diputados, lo puso, luego lo quitó y, terminado el plazo de inhabilitación, lo regresó; aun así mantuvo algún decoro gracias a los equipos de auditores.

Ahora bien, a pesar de incidentes como esos, la ASF se mantuvo como referente y pudo exhibir e incomodar a los políticos de siempre, mostrando la corrupción, los malos manejos y los quebrantos al erario.

The ugly

Pero el sueño estaba por terminar, a partir de 2018 llegó David Colmenares y barrió con la plantilla directiva para colocar a sus incondicionales, no importando si sabían o no hacer auditorías. El caso más notorio fue el reemplazo de la doctora Buchahin, a pesar de sus méritos.

El resultado de la auditoría 1394-DE Auditoría a la Suspensión y Cierre del Proyecto del NAIM (Texcoco) ahora le explota en la cara a Colmenares con sus cuentas hechas con ábaco acerca del costo de la terminación, al aceptar un “error metodológico” a los dos días de la publicación del informe, que ha sido aprovechado y explotado con justicia y con aire socarrón desde la mañanera, arrastrando por el lodo el limitado, pero aún existente, prestigio de la ASF.

Dicha auditoría exhibió las incapacidades del auditor especial de Auditorías al Desempeño, Agustín Caso Raphael; del director general, Ronald Pieter Poucel Van Der Mersch, un economista sin cédula profesional registrada, y del director de área, Carlos Miguel Gómez Márquez, un licenciado en ciencias políticas, apenas graduado en 2011, ahora separados del cargo.

Como ya les había señalado en anteriores columnas, las auditorías al desempeño son una herramienta preventiva que sólo llega a “recomendaciones”, que a las entidades y dependencias les causan risa y sirven para dos cosas, aunque ahora ya son tres cosas: para nada, para nada y para que los llamen a dar la cara a la Cámara de Diputados, por mal hechos.

Otras áreas tampoco escapan a la pachanga, por ejemplo la de Emilio Barriga al frente de la Auditoría Especial del Gasto Federalizado, con sus 982 auditorías en 2019, que son el 70 por ciento de las que la ASF hace a cada ejercicio. En la comparecencia lo mandaron al inicio para asustar con el petate del muerto, quesque con tantas auditorías.
Pues esa cifra sólo sirve para apantallar, porque anualmente a cada estado se le atosiga con 30 auditorías individuales en promedio, y se les pide a los responsables de finanzas prácticamente la misma información, comprobantes de los pagos, manuales, contratos, plantillas de personal, etcétera, y si algún estado se atreve a señalar las duplicidades de lo solicitado por los distintos grupos auditores, la respuesta es automática: ¡hazle como puedas, somos la ASF!

Ahora bien, lo que no dijo Emilio Barriga es que siempre ha habido una razón no muy pura que digamos para programar tantas auditorías… Saque un ábaco y haga cuentas del costo de los viáticos de 958 revisiones, con 30 grupos por estado, cada uno con un jefe de grupo y de dos a tres auditores que hacen, por lo menos, un par de viajes –algunos se avientan hasta dos meses en “campo”–, con una cuota diaria de mil 500 pesos diarios. ¿Le alcanzaron los ceros?

Así pues, es un secreto a voces, todos quieren viaticar. No es lo mismo pernoctar a costa del erario que mantenerse exclusivamente del sueldo.

¡Una auditoría por estado daría más transparencia en lugar del rompecabezas de las 958 auditorías dispersas!

Siguiendo con la lupa, está Gerardo Lozano, auditor especial de Cumplimiento Financiero, quien tal vez tiene a los grupos de auditoría más experimentados y avezados de la ASF y que son los que salvan a la institución con las revisiones financieras y de obra pública.

Peeeero, inexplicablemente Lozano se ha empecinado en tener maniatada a la DGAIFF sin titular. Como ya lo he reportado, en 2019 trajeron al ingeniero José Luis Nava Díaz, y en menos de seis meses lo botaron. Después engatusaron a la ingeniera Annabel Quintero y a la mera hora le pintaron un violín; en septiembre de 2020 también la renunciaron.

Hablando del NAIM, Lozano Dubernard hizo mención de las auditorías de obra; sin embargo, de lo que no nos habló fue de las carencias del arquitecto Eduardo A. Pérez Ramírez, director de área de la DGAIFF, quien sin jefe y al más puro estilo chino libre le fincó un quebranto a Carso, de Carlos Slim, del 100% de los 15 mil mdp pagados en su finiquito en la auditoría 348-DE Construcción del Edificio Terminal del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, porque según él, no le dieron la información.

Lozano Dubernard tampoco dijo por qué, en 14 meses de revisión, a Eduardo Pérez no se le ocurrió aplicar medidas de apremio para que se la proporcionaran.

Corolario…

La displicencia de las auditorías al NAIM, a cargo del inexperto Carlos Miguel Gómez Márquez y del arquitecto Eduardo A. Pérez Ramírez, parece evidente y poco defendible.

De la comparecencia se esperaba más en Diputados, se esperaba muchooo más; sin embargo, los legisladores se quedaron en el rollo político de siempre, y la gente de la ASF fue a querer apantallar con auditorías y fantasmas del pasado. No dan para más.

 

La columna de Lourdes Mendoza Peñaloza se publicó originalmente en El Financiero.

Lourdes Mendoza Peñaloza es una periodista mexicana especializada en finanzas, política y sociales, con más de 20 años de experiencia en medios electrónicos, impresos, radio y televisión.

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