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La última vez que la paridad peso-dólar se movió por cuestiones políticas en México fue tras las elecciones del 6 de junio pasado cuando quedó claro que el presidente Andrés Manuel López Obrador no tendría una mayoría calificada en el Congreso para modificar a su antojo la Constitución, el peso ganó terreno.

A pesar de lo erráticas y estridentes de las decisiones de gobierno, hasta hoy no han tenido efectos adversos en los mercados. Sobre todo, y hay que reconocerlo, porque la 4T ha apostado por no comprometer seriamente la salud de las finanzas públicas, al menos hasta hoy.

Y por supuesto que no hay ninguna euforia o visto bueno en los mercados derivados de alguna, una sola, decisión de política económica asumida en esta administración.

Sin embargo, las últimas dos semanas han sido muy volátiles en el mercado cambiario mexicano. Vimos al peso depreciarse desde los 19.90 hasta niveles de prácticamente 21 por dólar y de ahí, de regreso, hasta a una cotización inferior a los 19.80 en tan solo dos semanas.

Así, tuvimos una de las semanas con mayor depreciación del peso en muchos meses, la del 14 al 18 de junio. Y después una de las semanas con la mayor apreciación para la moneda mexicana, justo la semana pasada del 21 al 25 de junio.

Medio mes con alta volatilidad derivada de las decisiones y expresiones en torno a las políticas monetarias de México y Estados Unidos.

Nada como ver a los mercados estables. Pero este nerviosismo extremo y a veces exagerado de los participantes de los mercados fue derivado de un tema crucial: los cambios en las decisiones y en los discursos de las políticas monetarias de México y Estados Unidos.

Los participantes de los mercados quieren ser los primeros en tomar posiciones ante los cambios de señales y la Reserva Federal parece dar los primeros indicios de un cambio en su postura cambiaria ante las dudas, todavía no resueltas, del futuro de la inflación.

Y en México, la Junta de Gobierno del Banco de México decide dar una muestra de autoridad y autonomía y decide, de forma dividida, elevar su tasa de interés de referencia ante la realidad de que su misión central de cuidar la estabilidad de precios está vulnerada.

Ya veremos las minutas de la pasada reunión de política monetaria, pero esa división en la votación, entre tres integrantes a favor de subir la tasa y dos que preferían dejarla donde estaba, parecería adelantar que ese equilibrio de opiniones podría cambiar a principios del 2022.

Puede haber sorpresas en las minutas, pero todo parece indicar que hay quien podría inclinarse a cuidar los intereses de la 4T y no sólo haya prioridad en cumplir el mandato de controlar las presiones inflacionarias actuales.

Pero eso es lo que mueve a los mercados. Toda esa angustia que podemos sentir de ver cómo cada mañana se divide y se confronta al país, como hay información que no se apega a la verdad desde esa máxima tribuna, parece no ser materia de preocupación, por ahora, para los que toman decisiones en los mercados financieros, afortunadamente.